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La “Pobre” Me Robó al Marido romance Capítulo 6

Lo que menos podía perdonar era que ese niño tuviera cinco años, apenas cuatro meses menos que sus mellizos...

Es decir, Abel la había engañado durante su embarazo, y mientras sus propios hijos apenas acababan de fallecer, ¡él y Luna estaban celebrando el nacimiento de su hijo ilegítimo!

Con una punzada de dolor en el pecho, Bárbara cerró los ojos con fuerza y respiró hondo.

No podía darse por vencida tan fácilmente; ¡tenía que hacerle justicia a sus hijos y a sí misma!

—Isabella, te lo pregunto directo: ¿vas a tomar este caso o no?

Al escuchar esto, Isabella sollozó con más fuerza.

—Perdón, Bárbara —lloró—, de verdad no es que no quiera ayudarte, pero llevar a juicio al señor Ramos es algo que definitivamente no puedo hacer.

A Bárbara se le hundió el corazón, pero en el fondo lo entendía.

Desde que Abel heredó el Grupo Ramos, en apenas cinco años el valor de mercado de la empresa se había multiplicado, y su equipo de abogados era el bufete estrella más temido de la ciudad.

Para un despacho privado como el de Isabella, enfrentarse a ellos era una desventaja desde el principio y prácticamente no había posibilidades de ganar.

—No pasa nada, ya buscaré otra forma —dijo Bárbara mientras encendía el coche.

—Bárbara, puedo presentarte a todos los contactos y recursos que tengo a la mano, pero, ¿de verdad ya lo pensaste bien? ¿En serio te vas a divorciar de él?

Bárbara hizo una pausa al meter la velocidad y la miró.

—Isabella, ¿acaso crees que no debería hacerlo?

Isabella se quedó sin saber qué responder.

—Me tengo que divorciar, Abel no merece ser el padre de mis hijos. —Bárbara volteó al frente y pisó suavemente el acelerador.

El Panamera blanco dio la vuelta y avanzó hacia adelante.

En el balcón del segundo piso, Luna guardó su celular. Echó un vistazo a la figura del coche blanco que se alejaba y bajó la mirada; allí, donde nadie podía verla, un destello de triunfo brilló en sus ojos.

***

Aunque Isabella no podía llevar el caso del divorcio, le presentó a Bárbara a su famoso compañero de generación, Ricardo Jurado.

Al verlos de tan cerca, Isabella no pudo evitar pensar que ese niño era la réplica exacta de Abel.

Como si hubiera sentido la mirada de Bárbara, Abel giró la cabeza en su dirección.

Sus miradas se cruzaron.

La expresión de Abel se congeló por un instante.

Bárbara, en cambio, mantuvo el rostro impasible, aunque su mano, que sostenía el vaso de agua, se apretó de manera incontrolable hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

Isabella susurró entre dientes:

—¡No manches, qué pinche tensión!

Bárbara tenía planeado esperar a reunir todas las pruebas y tener redactado el acuerdo de divorcio antes de cantarle las verdades a Abel; nunca imaginó topárselo en ese lugar.

Pero ya que se habían cruzado, sentía curiosidad por ver cómo se lo iba a explicar él, justo ahí, frente al niño.

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