El viento nocturno esparcía el espeso humo por todo el balneario. Benjamín seguía sin tomar el teléfono, y la persona al otro lado de la línea parecía tener bastante paciencia, pues en ningún momento lo apuró. El viento frío soplaba suavemente, como si en el ambiente se gestara un pulso invisible de poder.
Ninguno de los dos implicados mostraba emoción alguna, pero el enmascarado estaba al borde de los nervios. A pesar de la gélida noche de invierno, empezó a sudar frío, y la ansiedad no hacía más que crecer con el paso de los segundos.
Justo cuando ya no sabía qué hacer, el hombre al otro lado de la llamada habló con un tono ligeramente resignado: —Director Gutiérrez, mandaré a hacer el depósito del saldo pendiente de inmediato. Hemos trabajado juntos tantas veces, no me diga que va a ser tan rencoroso.
Al haber sido el primero en hablar, significaba que había cedido y se había doblegado ante Benjamín.
Como si recién se percatara de la voz en el teléfono, Benjamín alzó lentamente la cabeza y dijo: —Ah, eras tú. Feliz Año Nuevo.
Iker se quedó callado.
¡Definitivamente lo estaba haciendo a propósito!
Pero, al estar separados por un teléfono, no había mucho que pudiera hacer; aunque estuviera que echaba chispas, solo le quedaba tragarse su coraje.
Al ver que por fin habían empezado a hablar, el enmascarado soltó un suspiro de alivio y acercó más el celular a Benjamín. Para lograrlo, tuvo que dejar su postura firme y encorvarse un poco.
Su intención era que Benjamín tomara el teléfono con sus propias manos.
Pero Benjamín lo ignoró por completo y se puso a charlar con Iker, obligando al enmascarado a mantenerse en esa incómoda posición.
El tono de la conversación era asombrosamente familiar. ¡El enmascarado que estaba al lado no cabía en su asombro!
Tras unos instantes, Iker dijo: —Director Gutiérrez, mis hombres fueron unos insensatos. Lamento mucho que lo hayan molestado justo en estas fiestas de Fin de Año, le ofrezco mis más sinceras disculpas. En cuanto terminen su trabajo, les daré la orden de escoltarlo hasta su casa para que pueda disfrutar de las fiestas en paz, ¿le parece bien?
—No, no me parece bien —replicó Benjamín con un tono impasible, desestimando la cortesía sin miramientos—. ¿En qué tipo de misión están como para dejar mi balneario en semejante estado?

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