Ninguna de esas dos posibilidades era agradable de considerar; ambas eran bastante descorazonadoras para Manuel.
Él entró directamente a la pequeña piscina contigua a la de ellas.
—¿Cuántos días tienen planeado quedarse por aquí? —preguntó.
Lorena miró a Josefina e inclinó la cabeza.
—Jose, ¿cuántos días quieres que nos quedemos?
Josefina, con los ojos cerrados, disfrutaba de la tranquilidad. Movió los labios y pronunció con esfuerzo, sílaba a sílaba:
—A-ún, no, es-toy, se-gu-ra.
—Entonces nos iremos cuando tengas ganas de irte —rio Lorena.
Josefina asintió.
Manuel dejó escapar un ligero suspiro.
—Este es mi único día libre. Mañana por la mañana tendré que regresar.
—¿Tienes compromisos con familiares por las fiestas? —preguntó Lorena.
—Sí —respondió él. Luego, esbozó una sonrisa cargada de amargura y añadió—: Luego viene la presión de toda la familia para que me case, es un dolor de cabeza.
Lorena bajó la mirada con suavidad.
—Mis vecinos también insisten con lo mismo, pero simplemente los ignoro.
Volvió a mirar a Josefina y no pudo evitar agregar:
—Jose, fuiste muy valiente al decidir casarte en su momento.
Al escuchar eso, las largas pestañas de Josefina temblaron levemente.
En ese entonces, ella y Benjamín estaban profundamente enamorados. Habían construido una conexión muy fuerte, y además, ella ya no soportaba vivir bajo el mismo techo que Andrés y Jimena, viendo el favoritismo descarado que le mostraban a Magdalena Salinas.
Quería casarse con Benjamín, el hombre que le prometió amarla incondicionalmente.
Quería disfrutar de un amor que fuera exclusivamente suyo.
Pero quién hubiera imaginado que ese amor incondicional no existía.
Había apostado todo, y lo había perdido.
Incluso cuando el amor entre los dos había sido tan genuino en un principio.
Un dolor sordo y asfixiante se instaló en su pecho. Josefina trató de obligarse a no pensar más en ello, y solo así la presión opresiva comenzó a desvanecerse lentamente.
El celular, que reposaba en un pequeño mueble a un costado, se iluminó. Lo tomó y vio que era un mensaje de Luisa.
Luisa: [Josefina, ya llegué a mi casa, no se preocupen por mí. Les deseo que sigan divirtiéndose mucho.]

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