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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 812

—Señor Fuentes —dijo Lorena, mirándolo con una sonrisa traviesa—, si no recibo el mismo trato preferencial que Josefina, me voy a molestar mucho.

—De pronto siento demasiada presión —bromeó Manuel, fingiendo secarse un sudor frío de la frente.

—¡Venga, venga! ¡Que empiece el juego! —soltó Lorena, riendo a carcajadas.

Durante las siguientes rondas, el juego fluyó con mayor agilidad. Manuel le pasó buenas cartas a Lorena en varias ocasiones, dejándola ganar dinero con total comodidad, mientras que él terminó perdiendo estrepitosamente.

Cuando por fin terminaron de jugar, Manuel se dio cuenta de que había sido el único en perder dinero.

—Perder dinero en Fin de Año significa que la buena fortuna se está preparando para llegar —declaró Lorena—. ¡Estoy segura de que el señor Fuentes ganará muchísimo dinero este año que viene!

—Que tus palabras se hagan realidad —respondió Manuel con una sonrisa amable.

—Vamos, vamos, ya me dio un poco de hambre. Vamos a cenar —dijo Lorena, tomando a Josefina del brazo.

Josefina asintió.

Ya estaba atardeciendo y el cielo comenzaba a oscurecerse. El grupo se dirigió a la zona del bufet, donde había una interminable variedad de platillos exquisitos.

Cada uno tomó lo que más le apetecía y se sentaron a la mesa, disfrutando de la comida sin prisa.

—Vi en uno de los letreros que habrá un espectáculo de fuegos artificiales esta noche —comentó Luisa.

Josefina asintió y escribió en su celular.

—Sí, los espectáculos de fuegos artificiales aquí valen mucho la pena.

Ella ya había visitado ese lugar antes. Sabía que los shows estaban diseñados con gran cuidado y que cada presentación era única.

—Este es el Fin de Año más relajante que he tenido en toda mi vida —suspiró Lorena, con un tono lleno de nostalgia.

Josefina la miró con intriga y gesticuló.

—¿Por qué?

—Desde que volví al pueblo pesquero, los vecinos siempre han sido muy amables conmigo —explicó Lorena—. Durante las fiestas de Fin de Año me regalan un montón de cosas y siempre me invitan a cenar a sus casas. Pero no sé, siempre terminaba sintiéndome agotada. Supongo que es porque son demasiado entusiastas y nunca supe cómo corresponder a tanta generosidad. Por eso me sentía cansada.

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