Al decir esto, su intención era poner a prueba la actitud de Benjamín, para saber si estaba dispuesto a ir a casa para la cena familiar. Por eso, al terminar la frase, su rostro reflejaba cierta tensión.
—Mhm.
Benjamín emitió un sonido afirmativo y volteó hacia Teresa, mostrando una actitud de escuchar atentamente.
Al verlo, Teresa se alegró tanto que casi balbuceó de la emoción mientras enumeraba cada uno de los platillos preparados para el Año Nuevo.
—Benjamín, ¿hay algo más que se te antoje?
Teresa lo miraba llena de esperanza.
—Con esto es suficiente —respondió él con tranquilidad, y enseguida se dirigió a Alberto con un tono mucho más suave—: Alberto, si se te antoja algo, puedes decírselo a la abuela.
Teresa asintió rápidamente:
—Sí. Alberto, ¿hay algo más que quieras comer? Dile a la abuela, yo lo añadiré a la lista. Te lo prepararé para ese día.
El niño se quedó pensando muy seriamente por un momento y luego dijo:
—Aún no lo sé, ¿puedo pensarlo un poco más?
—Por supuesto que sí —dijo Teresa asintiendo. Estaba dispuesta a concederle a Alberto cualquier cosa que le pidiera.
Saber que Benjamín regresaría a casa para pasar el Año Nuevo la tenía tan feliz que hasta repitió plato durante la cena.
Después de cenar, mientras Josefina y Lorena paseaban por el jardín, Teresa se les acercó. Miró a Josefina y le dijo:
—Gracias por haberme ayudado a convencer a Benjamín. Este es mi regalo de Año Nuevo para ti.
Le tendió una caja de regalo directamente a Josefina.
Con expresión serena, ella bajó la mirada para teclear en su celular:
—No es necesario.

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