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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 641

—Es... es en serio.

Bajo la mirada escéptica de Josefina, el guardaespaldas sintió que perdía toda seguridad en sí mismo.

Ella arqueó una ceja y se dirigió a la habitación de Benjamín.

Quería ver con sus propios ojos cómo se veía ese supuesto "sonambulismo".

Al empujar la puerta, encontró a Benjamín acurrucado en la cama, sujetándose la cabeza con ambas manos, murmurando cosas incomprensibles. Efectivamente, se veía muy perturbado.

Sin inmutarse, Josefina no se acercó. Con total tranquilidad, sacó su celular y empezó a grabarlo.

Al ver esto, el guardaespaldas que venía detrás de ella abrió los ojos de par en par, atónito.

Eh... ¿qué estaba pasando?

¿Era esa la reacción normal?

Al ver al jefe sufriendo de esa manera, ¿no se suponía que ella debía correr a consolarlo?

Y, con suerte, quedarse preocupada cuidándolo toda la noche.

Pero lo que estaba viendo definitivamente no seguía el guion planeado.

—Ejem...

El guardaespaldas tosió con fuerza y preguntó, armándose de valor:

—Señora, ¿por qué lo está grabando?

En el instante en que soltó la pregunta, sintió que su vida laboral había llegado a su fin.

¡Ser guardaespaldas era un trabajo demasiado ingrato!

La señora no podía hablar y el jefe no podía ver. Si él no abría la boca para advertirle, el director Gutiérrez seguiría montando su teatrito...

Si la señora lo grababa completo, iba a ser sumamente humillante para todos.

Josefina se dio la vuelta, le guiñó un ojo y esbozó una pequeña sonrisa.

El guardaespaldas se quedó helado.

¿Por qué de repente le dio un escalofrío?

Mientras tanto, el hombre en la cama seguía sujetándose la cabeza, dándoles la espalda y acurrucado, simulando una fragilidad extrema.

Josefina lo grabó durante más de dos minutos, y durante esos dos minutos él mantuvo la pose.

En el fondo, ella aplaudía su talento actoral. Su compromiso con el papel era admirable.

—¿Jose?

Benjamín escuchó de dónde provenía la voz mecánica y se dio cuenta de que había estirado el brazo en la dirección equivocada. Su mano se quedó suspendida en el aire por un segundo, antes de reajustar el movimiento con lentitud, acercándose a ella poco a poco.

Cuando sus dedos rozaron el hombro de Josefina, su mano tembló levemente.

Una sonrisa amarga apareció en sus labios.

—Jose... el yo de ahora ya no puede encontrarte. Si quisieras, podrías desaparecer de mi mundo en cualquier momento.

Por más que se negara a admitirlo, el pánico ya lo había consumido en el momento en que se dio cuenta de que no podía tocarla ni percibirla.

Sentía como si unas manos invisibles le estuvieran destrozando el corazón que latía con fuerza en su pecho.

Ella siempre había querido el divorcio, siempre había querido alejarse.

Y ahora tenía la oportunidad perfecta servida en bandeja de plata.

Ella... se iría, ¿verdad?

Y esta vez, él no tenía absolutamente ninguna forma de retenerla.

Sus dedos descansaron en su hombro, luego fueron bajando lentamente, hasta que intentó retirar la mano.

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