Josefina apartó la mirada y no volvió a verlo. Un silencio se instaló en la habitación mientras ella jugaba en su celular; todo lo que acababa de pasar parecía ser solo un pequeño inconveniente.
Al atardecer, regresó a Residencial Las Jacarandas y cenó con la abuela.
—¿Cómo sigue él? —le preguntó la señora.
—Se ve bastante bien de ánimo —respondió Josefina.
—Qué bueno —asintió la abuela—. Es joven, tiene buena salud, seguro se recupera rápido.
Josefina sacó el acuerdo de divorcio con una sonrisa en el rostro y le dijo:
—Ya firmamos esto. En cuanto se recupere por completo, iremos a sacar el acta de divorcio.
La abuela sonrió.
—Me alegra que por fin se hayan puesto de acuerdo con lo del divorcio. Es lo mejor.
—Sí, así es.
Al menos, esa era la situación actual. Una vez que todo este enredo se solucionara, terminarían su matrimonio de forma legal. El problema era que todavía había demasiados misterios sin resolver. ¿Cuándo terminaría todo esto? Él le había prometido que la ayudaría a investigar.
Además, la mudanza de regreso a Residencial Valle Niebla estaba a la vuelta de la esquina. Él iba a terminar su recuperación ahí.
Josefina bajó la mirada, con los pensamientos hechos un enredo.
—¡Señor Fuentes! —se escuchó la voz de la empleada doméstica desde la entrada.
Josefina dio un respingo y al voltear hacia la puerta, vio a Manuel de pie. Llevaba puestos sus lentes y tenía un semblante amable y bien parecido.
—Preparé unos postres y quise traerles un poco para que usted y la abuela los prueben.
—¡Qué sorpresa, Manuel! Pásale, por favor —dijo la abuela con una gran sonrisa.
Manuel sonrió, entró a la casa y dejó la caja en una mesa auxiliar. La empleada se acercó para ofrecerle agua y algo de fruta.
—¿Saliste temprano de trabajar hoy? —preguntó la abuela.
—Sí, la verdad es que hoy estuvo muy tranquilo —respondió Manuel—. De hecho, había quedado con Josefina de ir a visitar a un amigo, pero me avisó de imprevisto que tenía otra cosa que hacer, así que me vine directo a casa.
La abuela volteó a ver a Josefina y la reprendió:
—¿Cómo se te ocurre dejarlo plantado?

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