Josefina asintió a su lado.
—Exacto, hágale caso al médico.
Benjamín los observó a ambos. Con una sonrisa enigmática en los labios, preguntó:
—Entonces, ¿en cuántos días me voy a poder bañar?
El médico hizo un cálculo rápido y le respondió:
—En una semana, más o menos.
Las heridas estaban sanando bastante bien, así que en una semana ya podría asearse.
Benjamín le lanzó una mirada penetrante a Josefina y asintió.
—Está bien, le haré caso.
Josefina se sintió algo confundida. Le dio la impresión de que él solo estaba tratando de darle lata.
¡Qué ridiculez!
¿Para qué la molestaba a propósito?
¡Si ni siquiera se había metido con él!
Cuando el médico salió, ella avisó:
—Voy a salir un rato.
—¿A dónde? —preguntó él—. Ahorita corres mucho peligro, no andes dando vueltas.
—A probar a Manu. —No se lo ocultó; el mensaje de texto de anoche la tenía ansiosa por saber qué pensaba Manuel.
La mirada de Benjamín se volvió sombría. "Manu"... Qué forma tan cariñosa de llamarlo.
Apartó la vista y su rostro adquirió una expresión gélida.
Josefina dio media vuelta y salió, asegurándose de que Felipe la acompañara.
Llamó a Manuel; después de tres tonos, él contestó.
—¿Qué pasó, Josefina?
—Manu, hoy estoy libre —dijo ella—. ¿Te animas a ir a ver a Luisa? ¿Tienes tiempo?
—Justo voy a entrar a una junta —respondió él—. Yo creo que me desocupo en una hora.
—Entonces paso a buscarte.

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