Josefina apretó el celular con fuerza. ¡Por un momento casi pensó que el mismo Benjamín le había mandado ese mensaje!
Pero, ¿qué necesidad tenía él de hacer eso?
Con el trato que le propuso hoy, él perfectamente pudo haber exigido no divorciarse.
Y ella, por su propia seguridad, probablemente habría aceptado.
Entonces, ¿quién le mandó ese mensaje?
Alguien que estaba enterado de la situación.
Marcó al número, pero resultó que la línea ya estaba fuera de servicio.
Quien quería matarla... ¿le tenía miedo a Benjamín?
Si no era así, ¿por qué esa persona misteriosa le mandaría algo semejante?
Recordó las pruebas que había hecho antes con Emiliano y Manuel.
Ya había puesto a prueba a Emiliano; ahora seguía Manuel.
Josefina borró el mensaje y se acomodó para dormir.
Al día siguiente, imprimió un acuerdo de divorcio. Tras revisar que todas las cláusulas estuvieran en orden, se lo llevó directo al hospital.
Tras una noche de descanso, Benjamín se veía bastante mejor.
Ella le entregó el acuerdo de divorcio de inmediato.
Benjamín lo tomó y comenzó a leerlo con detenimiento.
Después de un rato, levantó la mirada hacia ella.
—¿No quieres la mitad de mis bienes?
Josefina alzó una ceja.
—Y si la quisiera, ¿me la darías?
—No —respondió él, sin pelos en la lengua.
Acto seguido, agarró una pluma y firmó al final de la página.
Esa decisión tan directa la tomó un poco por sorpresa.
También le demostró que realmente estaba decidido a terminar el matrimonio.
Qué bueno.
Josefina guardó el acuerdo de divorcio en su bolsa.
—Cuando todo esto termine, tramitamos el divorcio oficialmente.
—De acuerdo. —Benjamín no puso peros.

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