—¡De ninguna manera! —la señora Fuentes negó con la cabeza de inmediato—. Me costó mucho trabajo lograr que volvieras, no te puedes ir otra vez. ¿De dónde voy a sacar yo la capacidad para dirigir el grupo? Manuel, no actúes por impulso.
—Entonces, de ahora en adelante, deje de meterse en mis asuntos —sentenció Manuel.
La señora Fuentes puso mala cara, pero terminó cediendo.
—Está bien, ya entendí.
Beatriz corrió llorando a su habitación. Destrozó todo lo que encontró a su paso, y solo así logró calmar un poco la rabia y el resentimiento que la consumían.
Miró al frente con los ojos inyectados de odio.
—Josefina, maldita. ¡Primero seduces a Benjamín y ahora tienes embrujado a Manuel! ¡Te juro que no te la vas a acabar!
***
Al día siguiente, Felipe le envió un mensaje a Josefina para avisarle que habían manipulado los frenos de su coche.
Ya no servían.
Si hubiera salido a manejar ese coche, la velocidad habría aumentado sin control y, al no tener frenos, se habría accidentado de manera inevitable.
Al enterarse de esto, a Josefina le sudaron las manos en frío.
Apretó el celular y llamó a Felipe.
—¿Hay manera de averiguar quién fue?
—Lo estoy investigando, señorita León —respondió Felipe—, pero debe prepararse mentalmente, lo más seguro es que no encontremos al responsable.
Josefina cerró los ojos un instante.
—¿Quién demonios me trae tantas ganas? ¿De verdad quieren verme muerta?
Felipe también estaba desconcertado y se sentía muy tenso.
—Señorita León, creo que lo mejor será que a partir de ahora yo me encargue de ser su guardaespaldas personal, y dejaremos que los demás vigilen a distancia.
Sentada en el sofá, Josefina se cubrió la frente con una mano.
—Sí, me parece bien.
En ese momento, lo más importante era su propia seguridad.
***
Aeropuerto.
El avión aterrizó.
Un hombre de complexión alta y firme caminaba a paso largo. Llevaba puestos unos lentes de sol y un auricular Bluetooth en la oreja.
El secretario encargado de las operaciones nacionales le estaba rindiendo el informe de la empresa.
Valentín se acercó con el rostro tenso.
—Director Gutiérrez, la señora casi sufre un accidente el día de ayer.
El semblante de Benjamín se oscureció de inmediato.
—¿Qué pasó?

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