Josefina se quedó sin palabras.
Este hombre no tenía remedio.
Decía amarla, pero en cuanto ella le pedía algo, buscaba cualquier excusa.
Ya ni siquiera tenía ganas de discutir con él.
Le había dicho las cosas por las buenas y por las malas, pero si él no quería escuchar, no había nada que hacer.
Josefina se levantó y se dispuso a irse.
—Ah...
Pero en ese momento, el hombre en la cama del hospital dejó escapar un quejido ahogado.
Ella detuvo sus pasos, se giró para mirarlo con el ceño fruncido y le preguntó:
—¿Qué tienes?
Benjamín no respondió, solo apretó los ojos y arrugó la frente, como si sintiera un gran dolor.
Sin poder evitarlo, se acercó un par de pasos y le tocó la frente para checar si tenía fiebre.
Pero al segundo siguiente, él la tomó de la muñeca y, con un tirón fuerte, la jaló hacia su pecho.
Sus brazos la rodearon como si fueran de hierro, abrazándola con fuerza.
Josefina empezó a forcejear, bastante molesta.
—¡Me engañaste!
—La herida de mi espalda aún no cierra, si sigues moviéndote, se va a abrir por completo —dijo Benjamín en voz baja, aferrándose a ella.
Por la mente de Josefina cruzó la imagen de su espalda cubierta de sangre; después de todo, se había lastimado por protegerla de un disparo...
Dejó de forcejear, pero su tono seguía siendo frío.
—Suéltame.
—Jose...
Benjamín cerró los ojos y respiró profundamente el aroma de ella. Su voz sonaba cada vez más ronca.
—Hace mucho que no te abrazaba así, te extrañé muchísimo.
Sin embargo, el cuerpo de Josefina seguía tenso.
—¿Te divierte robar abrazos con mentiras?
Al decir esto, sintió claramente cómo los brazos que la rodeaban se apretaban un poco más.
Era evidente que no hacía falta que ella forcejeara, él mismo iba a terminar abriendo su herida con tanta fuerza.
—En el fondo todavía te importo, ¿verdad? —preguntó Benjamín. Parecía que lo decía más para convencerse a sí mismo que otra cosa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte