Josefina tuvo una sospecha: el primer disparo había impactado justo en la trayectoria hacia la que ella caminaba.
Y el segundo iba directo hacia ella.
Por lo tanto, quienquiera que estuviera atacando desde las sombras, la buscaba a ella.
Pero, ¿quién querría hacerle daño?
¿Se había ganado un nuevo enemigo?
Tenía la cabeza hecha un lío, pero no era el momento de detenerse a pensar en eso. Sintió cómo el agarre de Benjamín se tensaba de golpe; por un segundo, la apretó tanto que sintió que le faltaba el aire.
Benjamín inhaló hondo, avanzó a zancadas con ella hasta el coche, abrió la puerta y la empujó hacia el interior.
—Escóndete bien —ordenó con voz grave.
Tras decir eso, rodeó el auto para subirse por el otro lado.
Durante todo ese tiempo, no dejó de observar su entorno.
La clínica de reposo estaba ubicada en la ladera de una montaña, rodeada a lo lejos por un bosque espeso, y apenas había tráfico en esa zona.
Era un lugar sumamente tranquilo, ideal para que ancianos o pacientes se recuperaran en paz.
Jamás imaginaron que alguien se aprovecharía de esa soledad para atacarlos.
A Benjamín le vino a la mente el incidente anterior, cuando Josefina fue drogada y secuestrada por alguien disfrazado de barrendero.
¿Sería la misma gente detrás de ambos ataques?
Felipe y Valentín ya habían fijado los objetivos y no se escucharon más disparos. Benjamín se subió al auto, arrancó de inmediato y enfiló hacia la ciudad.
Josefina estaba encogida en el suelo del asiento del copiloto; al sentir que el vehículo se movía, finalmente se asomó.
Estaba pálida.
—¿Quiénes son? —preguntó con voz temblorosa.
—Todavía no lo sabemos, pero lo voy a averiguar —aseguró Benjamín.
—¿Es la misma banda que me secuestró la vez pasada?
Ella también había pensado en ese incidente.
—Tal vez, pero no lo podemos confirmar aún —respondió él, con un tono mucho más sombrío.
El cuerpo de Josefina no paraba de temblar.

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