Ben
Entonces entendí por qué Jax y Dev eran como eran. No pedía ayuda, eso ya lo sabía, pero tenía metido en la cabeza que debía hacer todo sola. Ellos le habían distorsionado la idea de lo que se suponía que era su equipo. Pensé que por ahí iba a empezar, y la iba a arrastrar conmigo para dejar las cosas claras. Pero primero necesitaba ser parte de la manada. Estaba harto de tener que cargar un celular cuando podía usar el enlace mental.
—¿Y qué hay de Richard? —preguntó, intentando mostrarse terca, pero le noté la duda en la voz.
—¿Qué hay con él? No logró proteger a tu padre en su momento de duelo. Todavía no estoy convencido de que no sea parte del problema.
—¿Y Sebastian?
—Es un idiota si no vio venir nada de esto. Es el Delta, y mis compañeros han hecho más por proteger tu manada que él. Así que también es parte del problema, o todo tu liderazgo se volvió complaciente y cómodo y se olvidó de lo que significa trabajar por la manada. De cualquier forma, varias cosas van a cambiar. Déjame entrar para que podamos continuar.
—¿En serio puedes renunciar así a tu manada? ¿Quién me asegura que no te vas a voltear en mi contra cuando te convenga?
—La Diosa de la Luna. Y no estoy “renunciando así sin más a mi manada”. Todos esos tipos son mis hermanos y vendrían a ayudar sin pensarlo. El Alfa James dejaría todo si yo lo necesitara. Mi hermano y mi papá también. Aquí es donde se supone que debo estar, y parece que la única que se resiste eres tú. Ahora, ¿necesitas un Sabio o puedes encargarte de esto sola?
Pasó junto a mí refunfuñando. Estaba seguro de haber escuchado “imbécil” otra vez. A ese paso iba a terminar respondiendo a eso en lugar de a mi nombre. Aunque sí fue a buscar el cuchillo ceremonial de su lugar detrás de un gran cristal en una vitrina, y me cruzó el pensamiento de que podría usarlo en mí. Eso era otra cosa pretenciosa que hacía su manada.
Demasiadas cosas no tenían sentido desde el punto de vista de un ataque.
—Muy bien, Beta, dame tu mano. —Elara me sacó del remolino de pensamientos con la palma hacia arriba. Ya se había hecho un pequeño corte en la base de la palma, y la sangre se acumulaba cerca de su muñeca.
Sus manos eran más pequeñas que las mías, pero sus dedos delicados engañaban. Era musculosa, pero suave y con curvas en todos los lugares indicados. No se comportaba como una amenaza, sino como una guerrera curtida capaz de matarte en un abrir y cerrar de ojos. Pero la había visto pelear, lo había experimentado en carne propia. Era una máquina, con un enfoque preciso cuando fijaba un objetivo.
Dudé solo un segundo. Sabía lo que venía, y estuviera listo o no, el cosquilleo, la atracción del vínculo de compañero, todo estaba a punto de intensificarse al quedar conectados por otro hilo. Coloqué la mano, con la palma hacia arriba, sobre la suya. No le temblaba, pero sentí el nerviosismo bajo la corriente de cosquilleo que se extendía de su mano a la mía. Miraba mi mano y no podía descifrar su expresión completa con los ojos bajos. Su atención estaba en el cuchillo que apenas rozaba mi piel.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Luna no deseada por el Alfa
cuando nuevos capítulos? no puede terminar así, o si??...