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La Heredera Salió del Infierno romance Capítulo 85

En la oficina al final del pasillo, Leonor estaba de pie junto a la ventana, tamborileando suavemente con los dedos sobre la mesa, con la mirada fija en el informe médico que tenía en la mano.

—Los indicadores del paciente se han estabilizado gradualmente, el hematoma cerebral se ha reabsorbido en su mayor parte y la respuesta neurológica también se está recuperando.

—Aparte de no poder hablar y de estar un poco desnutrido por haber estado tanto tiempo acostado, no hay mayores problemas.

Con voz tranquila, le entregó el informe al médico de bata blanca que estaba frente a ella.

El médico de bata blanca era el médico principal de Lucas antes de que Leonor llegara al País Z.

Fue él quien le encargó la tarea del tratamiento a Leonor.

El misterioso empleador no apareció en ningún momento.

El médico tomó el informe, lo examinó detenidamente, y su ceño se fue relajando. Miró a Leonor con admiración.

—La doctora L hace honor a su reputación. Con una lesión de este calibre, a nosotros nos habría llevado al menos seis meses conseguir que recuperara la conciencia.

Leonor respondió con un escueto «mm» y continuó: —El entrenamiento de rehabilitación posterior se centrará en fortalecer su coordinación motora y su función del habla. Ya he preparado un plan detallado, solo tienen que seguirlo.

Sacó un documento de su bolso y se lo entregó.

El médico lo tomó y, tras hojear algunas páginas, una expresión de sorpresa cruzó su rostro.

—Un plan de rehabilitación tan detallado… ¿La doctora L no va a seguir con el caso?

—Mi trabajo aquí ha terminado.

El tono de Leonor era tranquilo, sin la menor emoción. —La parte restante, ustedes pueden manejarla perfectamente.

Llevaba ya un tiempo en el País Z, y Leonor pensó que el resto de la rehabilitación podría ser llevada a cabo por el médico y su equipo siguiendo el plan. Su presencia allí ya no era necesaria.

El médico vaciló, pero finalmente asintió: —De acuerdo, seguiré estrictamente su plan de rehabilitación.

Leonor asintió levemente y se dispuso a marcharse.

El médico la detuvo de repente: —El jefe… ¿sabe que se va?

Y al mismo tiempo se protegían ellos.

Pero más tarde, quizás porque se convenció de su profesionalismo y fiabilidad, o quizás porque los asuntos de la empresa del misterioso empleador eran realmente urgentes, la frecuencia de la vigilancia disminuyó gradualmente.

A Leonor no le sorprendió.

Sabía muy bien que alguien así no perdería el tiempo en cosas sin sentido.

Ahora que la condición de Lucas se había estabilizado, era natural que volviera a centrar su energía en sus propios asuntos.

De vuelta en la suite, Leonor recogió brevemente su equipo, y tras asegurarse de que no le faltaba nada, miró la hora.

Las seis de la tarde.

Decidió ir a la habitación de Lucas una vez más para un último chequeo, y luego podría empezar a prepararse para volver a su país.

Cuando abrió la puerta de la habitación, Lucas estaba recostado en la cama. Aunque su cuerpo estaba débil, su mirada era clara. Al verla entrar, asintió levemente.

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