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La Heredera Salió del Infierno romance Capítulo 79

Tania se mordió el labio, una oleada de disgusto la invadió.

No era la primera vez que esto sucedía.

Últimamente, Ethan siempre estaba así.

Desde que Leonor había regresado al país y había comenzado a tratar a Luna Ramos…

La actitud de Ethan hacia ella se había vuelto extraña.

Aunque en apariencia seguía siendo amable y considerado, Tania podía sentir que su mente estaba ocupada por otra cosa.

Reprimió sus emociones y mantuvo una dulce sonrisa en el rostro. Extendió la mano y cubrió suavemente la de él.

—¿Estás muy cansado por el trabajo? ¿Por qué no te vas a casa a descansar un poco?

—Me preocupas un poco cuando te veo así.

Los hermosos y grandes ojos de Tania miraron a Ethan llenos de preocupación.

Solo con ver su expresión y su mirada, nadie dudaría de que la mujer frente a él estaba actuando.

Pero, ¿puede la actuación de una persona ser tan perfecta?

Ethan Ramos levantó la vista para mirarla, sus ojos eran tan profundos que Tania se sintió un poco inquieta.

Tenía la sensación de que algo malo estaba a punto de suceder.

Después de un momento, Ethan Ramos habló de repente: —Tania, hay algo que quiero preguntarte.

—¿Sí?

—¿Qué es?

Tania ladeó la cabeza, mirándolo con extrañeza.

—Ese día… cuando Luna se cayó por las escaleras, ¿fue realmente Leonor quien lo hizo?

La sonrisa de Tania se congeló al instante.

Su respiración se detuvo por un segundo.

Los dedos de Tania temblaron bruscamente, casi volcando el vaso de agua. Su corazón se aceleró de golpe, y la sangre parecía rugir en sus oídos.

¿Por qué Ethan preguntaba eso de repente?

¿Acaso Luna había recuperado la memoria?

¿O Leonor le había dicho algo?

—Ethan, dime, ¿es que mi hermana ha estado hablando mal de mí a tus espaldas y tú le has creído?

—Sabes que nunca le he caído bien, pero de verdad no esperaba… que me calumniara de esta manera…

—¿Y ahora tú le crees a ella en lugar de a mí?

—Soy tu prometida, Ethan…

Ethan seguía en silencio.

Su actitud de mero espectador hizo que el corazón de Tania se helara.

Tania apretó los dientes y de repente se puso de pie, sus lágrimas cayeron sobre el mantel. Su voz sonaba con una decepción decidida.

—Ya que prefieres creerle a ella antes que a mí, no tenemos nada más de qué hablar.

Se dio la vuelta para irse, sus pasos eran vacilantes, como si estuviera desconsolada.

Ethan frunció el ceño e instintivamente la agarró por la muñeca: —¡Tania!

Tania, de espaldas a él, temblaba ligeramente y su voz sonaba entrecortada: —Suéltame…

Ethan miró su frágil espalda, sintió una punzada de ternura y finalmente suspiró: —…No he dicho que no te crea.

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