Entrar Via

La Heredera Salió del Infierno romance Capítulo 33

—Mañana a las nueve de la mañana, iré a hacerle el primer tratamiento a Luna.

El tono de Leonor era calmado, sin dejarse afectar por la actitud de él. —¿Envías un coche a buscarme o voy por mi cuenta?

Hubo un silencio de unos segundos al otro lado de la línea, y luego Ethan respondió con frialdad: —Enviaré a alguien a recogerte.

—De acuerdo —dijo Leonor y colgó el teléfono de manera concisa, sin más palabras.

A la mañana siguiente, un Maybach negro se detuvo puntualmente frente al edificio Parque Prime.

Leonor bajó con su maletín de medicinas. Al abrir la puerta del coche, vio a Ethan sentado en el asiento trasero, con sus largos dedos apoyados en las rodillas y una mirada fría que la recorrió de arriba abajo.

—Sube.

Su tono era distante, con una nota de advertencia.

—Más te vale no intentar ninguna estupidez.

—¡Si no, la familia Ramos no te lo perdonará!

Leonor esbozó una media sonrisa, no respondió y subió al coche sin más.

El ambiente dentro del vehículo era tenso. Ethan no volvió a hablar en todo el trayecto, pero de vez en cuando la observaba con una mirada inquisitiva.

A Leonor no le importó. Se concentró en revisar el historial médico de Luna en su teléfono, deslizando el dedo por la pantalla con expresión absorta.

No fue hasta que el coche entró por las puertas del sanatorio que Ethan habló con voz gélida: —Mi madre no está hoy, así que más te vale darte prisa.

Leonor guardó el teléfono y lo miró. —No te preocupes. Deseo que Luna se recupere más que nadie.

La mirada de Ethan vaciló por un instante, pero rápidamente recuperó su frialdad y fue el primero en salir del coche.

La habitación de Luna estaba en el último piso del sanatorio, la zona más tranquila. La luz del sol entraba por el ventanal e iluminaba su pálido rostro.

—Luna —la llamó Leonor en voz baja, sentándose a su lado en la cama.

Luna se mordió el labio, con la frente cubierta de un sudor fino, pero no se quejó ni una sola vez.

—Un poco más —la consoló Leonor en voz baja, girando las agujas con firmeza—. Ya casi terminamos.

Ethan observaba atentamente la reacción de su hermana. Aunque temblaba de dolor, seguía confiando en Leonor mientras le aplicaba las agujas, lo que profundizó sus dudas.

Si Leonor realmente le había hecho daño a Luna, ¿cómo era posible que Luna no le guardara rencor?

De hecho, parecía confiar en ella más que en Tania.

Antes, cuando Luna estaba en coma, Tania solía visitarla a menudo.

Pero después de que Luna despertó, rechazaba tanto el contacto de Tania que esta había dejado de venir tan seguido...

Al finalizar el tratamiento, Leonor le entregó a Ethan una receta. —Prepara estas hierbas según la receta. Una dosis por la mañana y otra por la noche, durante siete días seguidos.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera Salió del Infierno