La identidad del señor Morales de la otra ciudad era especial, y ahora que los resultados finalmente habían salido, no podían demorarse.
Patricio no pudo evitar preocuparse por Leonor.
—Leonor, ¿no tienes pacientes estos días?
—¿Cuándo puedes salir? ¿Quieres que mande a alguien a recogerte?
—No es necesario.
—Hace poco me compré un coche.
—Y también sé dónde vive Don Soler, esta vez no necesito que me lleves, iré yo misma en coche.
—En cuanto termine de recoger mis cosas, saldré de inmediato.
Leonor sabía por qué Patricio estaba tan preocupado por ella.
La identidad del señor Morales era especial, y cuanto antes lo curaran, menos angustia sentirían todos.
Tras colgar el teléfono, Leonor miró la hora y luego revisó los signos vitales de Lucas.
Después de confirmar que todo estaba normal, se giró hacia la enfermera que estaba a su lado y le indicó: —Registre su temperatura y presión arterial cada dos horas. Si hay alguna anomalía, avíseme de inmediato.
La enfermera asintió rápidamente: —De acuerdo, doctora Sandoval.
Leonor no era de las que se andan con rodeos. Recogió sus cosas rápidamente, y sin siquiera pasar por casa, se dirigió directamente en coche a la Ciudad A.
…
Dos horas después.
En la Ciudad A, en la villa de la familia Morales.
Justo cuando Leonor aparcó el coche, vio que Don Soler ya la estaba esperando en la puerta, con un fajo de informes de laboratorio en la mano.
—¡Leonor!
—¡Ven a ver esto!
Al ver a Leonor, Don Soler le hizo un gesto con la mano, su tono de voz rebosaba de una emoción incontenible.
Leonor se acercó rápidamente, tomó los informes, les echó un vistazo rápido, sus ojos recorriendo los datos clave.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera Salió del Infierno