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La Heredera Salió del Infierno romance Capítulo 29

La abuela Vargas nunca había mencionado esa serie de números ni había explicado el origen del medallón.

Cuando estaban en la cárcel, se lo había preguntado.

Pero la abuela Vargas solo le había sonreído con ternura y le había dicho: —Cuando llegue el momento, Leonor, lo sabrás.

En ese entonces, Leonor no lo entendió.

Ahora, parecía que ese medallón... era más complejo de lo que pensaba.

Pensando en los números y en la abuela Vargas, no pudo conciliar el sueño.

A las dos de la madrugada, encendió su computadora portátil e ingresó a un foro encriptado de la red oscura.

Era una de las «habilidades» que había aprendido de sus compañeras en prisión.

Si no puedes encontrar información por los medios convencionales, a menudo puedes hallar pistas en la red oscura.

Además, el origen de la abuela Vargas no parecía del todo convencional.

Quizás, en la red oscura, encontraría alguna pista.

Leonor creó una cuenta anónima con un simple identificador: una sola letra "L".

Tras registrarse e iniciar sesión, Leonor exploró las reglas y el funcionamiento del sitio.

Después de dudarlo un poco, publicó un anuncio de recompensa.

«Busco información sobre medallón lunar, con el patrón de la imagen y los números 9582831 en el reverso. Contactar por privado, ofrezco buena recompensa».

Adjuntó un boceto del medallón, ocultando deliberadamente algunos detalles y sin revelar ninguna información sobre la abuela Vargas.

Después de publicar, Leonor cerró la computadora y fue a la cocina a por un vaso de agua.

Cuando regresó, el ícono de mensajes privados en la esquina inferior derecha de la pantalla parpadeaba frenéticamente.

Indicaba que tenía 37 mensajes sin leer.

Leonor, sin prisa, abrió el primero.

—¿El medallón de la médica milagrosa? ¿Vargas ha vuelto?

—Este L, ¿es el sucesor de la abuela Vargas? ¿O es la mismísima abuela Vargas?

Usuario C: —La médica milagrosa nunca se separaba de su medallón. Si tú lo tienes, significa que o está muerta o te lo entregó voluntariamente. ¿Eres su heredera elegida?

Leonor se quedó mirando el último mensaje, tamborileando los dedos sobre la mesa.

¿Heredera?

¿Qué quería la abuela Vargas que heredara?

Mientras reflexionaba, un nuevo mensaje privado apareció en la pantalla:

Usuario X: —L, seas quien seas, deja de investigar ese medallón. A menos que quieras «desaparecer voluntariamente», como Vargas.

El mensaje se autodestruyó tres segundos después de aparecer, y el identificador del remitente se convirtió en una cadena de caracteres ilegibles.

La mirada de Leonor se heló.

¿Era una amenaza?

¿O una advertencia?

Parecía que la verdad sobre por qué la abuela Vargas había acabado en la cárcel no era tan simple. Después de todo, una persona normal no entraría allí voluntariamente a menos que estuviera bajo algún tipo de amenaza...

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