Era un mensaje de texto de un número desconocido.
"Leonor, tenemos que hablar."
Miró la pantalla durante dos segundos, soltó una risa despectiva y adivinó que debía ser de la familia Sandoval.
Si era Jaime o José, no lo sabía.
Pero sin importar quién fuera, a Leonor no le interesaba.
Leonor, decidida, eliminó el mensaje y bloqueó el número antes de arrancar el coche y marcharse.
La noche era oscura, y los halos de las farolas dibujaban arcos borrosos en la ventanilla del coche.
Leonor conducía con una mano en el volante y la otra apoyada en el borde de la ventanilla.
La música suave del coche era agradable, y las yemas de sus dedos tamborileaban al ritmo de la melodía.
Aunque Leonor no conducía rápido, lo hacía con mucha estabilidad.
Sin embargo, poco después, justo cuando su coche salía de las afueras.
Un coche negro llamó su atención.
Su mirada se agudizó.
En el espejo retrovisor, un coche negro mantenía una distancia ni muy lejana ni muy cercana, y ya la había seguido en tres cruces consecutivos.
¿Era una coincidencia?
Antes, en las afueras, apenas había una o dos carreteras, así que Leonor no había notado nada extraño.
Pero ya estaban casi en la ciudad, y que la siguiera en tres cruces seguidos…
Leonor sintió agudamente que algo no iba bien.
Sin alterarse, puso el intermitente, pero al arrancar el coche, en lugar de girar en la dirección que había señalado, se desvió por un camino lateral.
El coche de atrás, que al principio intentó girar a la derecha siguiendo la señal de Leonor, se dio cuenta rápidamente de que algo no cuadraba y giró bruscamente para seguirla.
Confirmado.
La estaban siguiendo.


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