Por eso mucha gente no se daba cuenta de cómo Leonor, sin una formación académica, podía saber tanto de medicina.
Leonor tenía razón, en pacientes con TIH bajo ECMO, la anticoagulación de primera elección es la bivalirudina, no el argatrobán.
Como médico tratante del Hospital Central de la Capital, Jaime no debería cometer un error tan básico.
Además, ¿a qué venía ese tono tan agresivo de antes?
¿No decía que era el hermano de Leonor?
La forma en que le hablaba no parecía la de un familiar, sino la de un enemigo.
Parecía muy receloso de que Leonor pudiera perjudicarlo.
Las cejas blancas de Don Soler ya estaban fruncidas en un nudo. Empujó el currículum a un lado.
El corazón de Jaime dio un vuelco.
Al segundo siguiente, Don Soler deslizó su currículum frente a Leonor.
—Leonor, ¿por qué no le haces tú algunas preguntas?
Jaime levantó la cabeza bruscamente, clavando su mirada en Leonor.
Leonor no se anduvo con rodeos. Tomó el expediente, le echó un vistazo y habló con calma.
Lo que siguió fue una escena casi cruel. Leonor no mostró la más mínima intención de ser indulgente con Jaime.
—Medicamento de primera línea para la infección por CMV post-trasplante cardíaco.
—…
—¿Y para las cepas resistentes?
—…
—¿Ángulo óptimo para la cánula de entrada de un dispositivo de asistencia ventricular izquierda?
—…
Incapaz de responder a tres preguntas seguidas.
El rostro de Jaime cambió por completo.

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