Por primera vez en mucho tiempo, a don Soler le surgió la idea de tomarla como discípula.
—Leonor.
Don Soler miró a Leonor con seriedad.
—Tengo una idea.
Leonor levantó la vista.
—¿Podría saber de quién eres discípula actualmente?
—Si no tienes un maestro en este momento.
—¿Qué te parecería considerar a este viejo?
La mirada de don Soler era intensa. De una manera sutil y en tono de broma, expresó su idea.
—Este viejo no es el mejor médico del mundo, pero te garantizo que si me sigues, ¡te llevaré a una vida de lujos!
Leonor se quedó perpleja, luego negó con la cabeza. No esperaba que don Soler sacara ese tema de repente.
—Lo siento, don Soler, ya tengo una maestra.
—¿Ah, sí?
Don Soler se sorprendió un poco, pero no del todo.
Después de todo, con la habilidad médica tan avanzada que tenía Leonor a su corta edad, no creía que no hubiera tenido la guía de un maestro.
Solo albergaba una pequeña esperanza.
—¿Y quién es tu maestra?
Don Soler insistió. ¿Quién era tan afortunado de tener una discípula tan talentosa?
¡Si resultaba que ni siquiera él estaba a su altura, no lo aceptaría!
Leonor apretó ligeramente los dedos.
La abuela Vargas era la temida «médica milagrosa» en la red oscura. Aunque había salvado a innumerables criminales, también se había ganado muchos enemigos.
Don Soler y el señor Morales, por otro lado, parecían ser personas de bien, probablemente con conexiones en el gobierno.
Si se enteraban de su linaje, podrían exponer a la abuela Vargas…
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