—La doctora Sandoval realmente hace honor a su reputación.
Al terminar el tratamiento, varios médicos se acercaron a ella.
—Doctora Sandoval, ¿cómo se llama esa técnica de acupuntura que acaba de usar?
—¡Es increíble! ¿Cómo ha logrado tener una habilidad médica tan avanzada a su edad?
—¿Podríamos hacerle algunas preguntas?
Después de esta demostración, todos los médicos quedaron convencidos de que Leonor tenía un talento genuino.
También habían sido testigos de la maravilla de la medicina tradicional.
Ante los halagos de los médicos, Leonor se mostró serena y tranquila.
Tomó papel y pluma con calma y comenzó a escribir rápidamente, enumerando varias hierbas medicinales.
Don Soler se acercó a mirar y enarcó una ceja: —Estas hierbas…
—Son todas de naturaleza cálida, para neutralizar la virulencia de las toxinas.
Leonor, sin levantar la vista, continuó escribiendo la receta. —Combinado con esta fórmula y la acupuntura, el estado del señor Morales se estabilizará dentro de un rango seguro, lo que nos dará tiempo para desarrollar el antídoto.
Terminó de escribir la última hierba y le entregó la receta a don Soler.
Después de eso, durante los días que pasó, Leonor se dedicó a realizar acupuntura al señor Morales a horas fijas para desintoxicarlo y ganar tiempo.
El resto del tiempo, lo pasaba investigando sin descanso junto a don Soler.
Finalmente, un día, Leonor encontró la inspiración en un libro sobre plantas de Sudamérica.
Era un ejemplar amarillento de la *Flora del Continente*.
En sus páginas se describía una planta rara llamada «Liana Carmesí», cuya savia era de un color rojo oscuro, muy similar a algunas características de la toxina del «Veneno de las Mil Trampas».
Leonor había pensado que primero debía entender la flora local para poder encontrar un antídoto, y no esperaba que realmente la llevara a descubrir la clave.
Los ojos de Leonor se fijaron en las pequeñas líneas de texto bajo la descripción de la «Liana Carmesí», sin perderse ni una palabra.
«La Liana Carmesí crece en las profundidades de la selva, su savia puede inducir el sueño, pero si se contrarresta con la "flor de Nochebuena", su toxicidad puede ser neutralizada…»


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