—Y además…
Se detuvo un momento, su tono se volvió aún más grave.
—Con el Veneno de las Mil Trampas, cada toxina adicional duplica la dificultad para encontrar un antídoto.
Los ojos de Leonor brillaron.
Hasta ahora, los casos que había atendido estaban dentro de su área de conocimiento, muchos de ellos los resolvía aplicando métodos que había aprendido de los casos tratados por la abuela Vargas.
El Veneno de las Mil Trampas era algo de lo que incluso la abuela Vargas solo había oído hablar, nunca se había enfrentado a él directamente.
Lograr que el señor Morales se recuperara por completo sería un gran desafío para Leonor.
Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, sintió una oleada de entusiasmo.
Este caso, para Leonor, era sin duda un verdadero desafío.
Rara vez se encontraba con una enfermedad que la dejara sin saber qué hacer. En ese momento, sintió una extraña excitación que no había experimentado en mucho tiempo.
Leonor estaba decidida. ¡Quería aceptar este caso!
—La compensación es la que usted pida.
Don Soler, a su lado, la vio en silencio durante un buen rato y, pensando que estaba sopesando los pros y los contras, habló directamente.
—Mientras logre que despierte, la familia Morales no escatimará en gastos.
Leonor esbozó una ligera sonrisa, una chispa de emoción brilló en sus ojos.
—El dinero no es el problema.
—Acepto a este paciente.
—Pero tengo una condición, y tienen que aceptarla.
Aunque el desafío la entusiasmaba, no había perdido la cabeza por completo. Había que dejar algunas cosas claras desde el principio, sobre todo porque la identidad del señor Morales era muy especial.
Podía sentir que si hacía algo que perjudicara al señor Morales, don Soler no la perdonaría.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera Salió del Infierno