La voz de don Soler era grave y profunda, su mirada fija en el señor Morales, inconsciente en la cama.
—Doctora Sandoval, ya que ha podido identificar que el señor Morales sufre del Veneno de las Mil Trampas, también debe saber que el problema más urgente ahora no es mantenerlo con vida.
—Sino que no despierta.
La luz blanca y fría de la habitación del hospital y el rítmico «bip» de los monitores resonaban con especial claridad en el silencio.
Leonor, de pie junto a la cama, volvió a colocar suavemente las yemas de sus dedos en la muñeca del señor Morales, concentrándose en sentir aquel pulso débil pero caótico.
—Veneno de las Mil Trampas…
Leonor reflexionaba sobre las pocas palabras que la abuela Vargas le había mencionado, buscando alguna pista que le diera una idea.
En ese momento, don Soler le entregó una carpeta azul.
Dentro de la carpeta había una gruesa pila de papeles, todos ellos con los datos de los análisis de don Morales.
—Este es el informe del análisis de los componentes tóxicos en la sangre del señor Morales. Los datos muestran que su cuerpo contiene trazas de mandrágora y componentes mutados del árbol de la flecha, además de muchas otras toxinas variadas.
La sarta de números y términos profesionales era densa. Don Soler, sabiendo que Leonor venía de la medicina tradicional, temía que no entendiera algunos términos técnicos y se tomó la molestia de explicárselos.
Don Soler señaló una línea de datos en el informe y le dijo a Leonor:
—Aunque podemos detectar qué toxinas hay en el cuerpo del señor Morales.
—La toxina principal y su antídoto correspondiente aún no pueden ser analizados con el equipo médico actual. La condición del señor Morales es extremadamente rara en nuestro país.
—A decir verdad, al principio tampoco pensé que el señor Morales estuviera envenenado con el Veneno de las Mil Trampas.
Después de todo, el Veneno de las Mil Trampas era un veneno prácticamente inexistente en el país.
Si no fuera por su vasta experiencia, que lo llevó a investigar enfermedades con síntomas similares en todo el mundo, no lo habría reconocido.
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