—¿Quieres que vaya por ti? —preguntó Dickson con una sonrisa.
—O puedo quedarme contigo un par de días —añadió; total, todavía no andaba con mucho trabajo.
El corazón de Polinski se agitó. Respondió de inmediato:
—No te pongas a manejar. Mejor mando al chofer de la familia para que te recoja.
Dickson aceptó el gesto con naturalidad; sabía que Polinski solo se preocupaba por él.
—De acuerdo, se lo voy a agradecer a Gunther.
—No es ninguna molestia. Ahorita mismo llamo a Gunther y lo arreglo.
Polinski, feliz, fue a hacer la llamada. Justo en ese momento, Mateo y Bryce también estaban hablando por teléfono.
Cuando Bryce mencionó que quizá terminaría pasado mañana, Mateo se lo pensó y preguntó:
—¿Quieres que vaya por ti?
Bryce no respondió de inmediato.
—¿Tú quieres venir por mí?
Mateo se quedó callado. Era la primera vez que alguien le hacía una pregunta así. Lo pensó en serio y contestó:
—Sí, sí quiero.
De verdad extrañaba a Bryce. No sabía bien por qué; tal vez porque era su primer novio. En todo caso, se sentía nuevo y emocionante.
Bryce soltó una risa.
—Olvídalo, no vengas. Me daría cosa hacerte manejar tantas horas. Tú descansa. Yo me regreso con ellos.
El otro día él había manejado hasta la casa de Mateo, pero Mateo terminó llevándolo de vuelta, así que su carro seguía en el conjunto donde vivía Mateo.
—¿Seguro? —preguntó Mateo.
—Seguro. Tú pórtate bien y espérame —dijo Bryce con una sonrisa.
Al escuchar ese “pórtate bien”, la expresión de Mateo se volvió curiosa. Era la primera vez que alguien con quien salía le hablaba en ese tono. Los anteriores o le tenían miedo, o tomaban cada palabra suya como ley.
Incluso Monroe siempre buscaba su opinión y hacía lo que él quería. Ahora, sentía que era él a quien estaban… apapachando.
No sabía cómo describirlo, pero no le molestaba.
Pronto llegó el último día. Polinski y su grupo habían tenido un viaje muy productivo y estaban más que satisfechos. Especialmente Polinski, que no podía ocultar la alegría y no dejaba de mirar el reloj.
—¿Qué pasa? ¿Estás esperando a alguien? —preguntó Bryce, que lo conocía mejor que nadie.
—Sí, Dickson viene hoy —respondió Polinski sin rodeos.

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