Sierra negó rápidamente con la cabeza.
—No. De esta manera nos ahorraremos muchos problemas.
Jonathan la miró fijamente por un momento antes de decir de repente:
—¿Te das cuenta de lo que significa que se haya desarrollado este medicamento? Podría traernos una riqueza inmensa y catapultarte a la cima.
—¡Lo sé! No soy una tonta —soltó una pequeña risa—. Entiendo todo lo que me estás diciendo. No lo entregaría a cualquiera, pero si eres tú, no me importa.
Expresó sus pensamientos directamente, sin ser consciente de que sus palabras provocaron un escalofrío en Jonathan.
Después de una larga pausa, al fin murmuró:
—¡Todavía dices que no eres una tonta! ¡Eres la mayor tonta que he visto en mi vida!
Dicho esto, se dio la vuelta y salió antes de que Sierra pudiera reaccionar.
De pie en el pasillo, la expresión de Jonathan estaba ligeramente irritada. No tenía el hábito de fumar y rara vez tocaba los cigarrillos, pero en ese momento sentía que necesitaba uno.
«Todos a mi alrededor siempre han sido egoístas y manipuladores», pensó. Esta era la primera vez que se encontraba con alguien tan ingenuo como Sierra.
Solo por un pequeño gesto de amabilidad, ella estaba dispuesta a renunciar sin vacilar a beneficios inmensos. Realmente, era una completa ingenua. Una extraña frustración se apoderó de su pecho. Finalmente, se quitó las gafas.
En el instante en que se desprendieron las lentes, su comportamiento cambió por completo.
Dentro de la habitación del hospital, Sierra examinaba los últimos resultados de las pruebas de Lily con expresión sombría. Tras deliberar con el médico de cabecera, decidió modificar el tratamiento de Lily y observar su evolución.
En ese momento, Jonathan entró. Con un vistazo rápido al informe en sus manos, lo tomó, lo hojeó y declaró:
—La medicación convencional ya no es efectiva. Si quieres retrasar la necrosis celular, necesitarás el nuevo tratamiento con células madre. Nos dará tiempo.
Sierra conocía ese medicamento.
—Intenté conseguirlo, pero no hay disponibilidad en el mercado —explicó.
Lo había querido utilizar desde el principio, pero el médico le había informado que era un desarrollo reciente y no estaba comercializado. Ni siquiera con dinero era posible adquirirlo.
Jonathan la miró brevemente.
—Me encargaré de que lo envíen. Habla con el médico de cabecera. Esto te dará margen para que no tengas que sobrecargarte.
Sierra quiso agradecerle. Pero en ese instante, cualquier palabra de gratitud le parecía absolutamente insuficiente. Había indagado sobre el medicamento y conocía su valor. No era algo que pudiera medirse simplemente con dinero.

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