—Está bien, mándalo. Le echaré un vistazo.
La voz de Johnathan era calmada e ilegible.
—Entendido.
Quinn respondió igual de rápido, diciendo que se encargaría. Antes de colgar, agregó:
—Oye, ¿cuándo están libres? Quiero invitar a cenar a ti, Sierra y Mateo.
Lo había mencionado antes: traer a Dora de vuelta solo había sido posible gracias a ellos.
Johnathan había planeado declinar, pero algo parpadeó en su mente. Hizo una pausa, luego dijo:
—Este fin de semana. Sierra está libre entonces.
Después de que terminó la llamada, Mateo no pudo evitar decir:
—Por lo que he visto, Quinn no parece ser el problema. Tal vez solo estaba siendo usada.
Johnathan no dijo nada. Ese sería el mejor escenario, pero no podía permitirse creerlo completamente.
Aunque todas las pruebas señalaran la inocencia de Quinn, aunque verdaderamente fuera solo una marioneta, jamás le otorgaría su confianza absoluta.
Mateo conocía los métodos de Johnathan y no continuó interrogándolo. En cambio, cuestionó:
—¿Realmente crees que Sierra aparecerá este fin de semana?
Apenas quedaban cuarenta y ocho horas, y considerando la actitud hostil de Sierra durante el día, no lograba entender de dónde Johnathan había obtenido la seguridad para reconciliarse en tan corto período.
Johnathan le lanzó una mirada que expresaba claramente su ignorancia. Precisamente porque desconocía cómo persuadir a Sierra para que asistiera había aceptado participar en la cena de Quinn inicialmente. Estaba convencido de que Sierra se presentaría.
Tal como predijo, aquella noche cuando estableció contacto telefónico, Sierra consintió casi sin dudar. Ansiaba descubrir qué participación había tenido Quinn en la conspiración, y qué realidad se ocultaba tras el caso de Dora.
Dora apenas contaba tres años de edad. ¿Verdaderamente habría sido empleada como herramienta de manipulación?
El fin de semana se aproximó velozmente. Johnathan partió al amanecer y permaneció estacionado frente a la residencia de Sierra hasta que ella emergió. Mostraba signos de incertidumbre. Johnathan de inmediato advirtió:
—No dejes traslucir la menor sospecha. Todavía ignoramos si participó activamente o fue meramente utilizada. Si corresponde a la primera opción, no debemos facilitarle el logro de sus propósitos.
Conocía perfectamente la psicología de Sierra. Como esperaba, tras una momentánea hesitación, ella confirmó con un gesto.

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