Sierra esbozó una sonrisa irónica:
—Señor Yaeger, la forma en que habla a veces me asusta.
En este momento, estaban cerca, profundamente entrelazados en las vidas del otro. Pero ¿qué pasaría si tuvieran una pelea algún día? ¿Johnathan usaría esos mismos métodos despiadados contra ella?
Como si pudiera escuchar sus pensamientos, Johnathan dijo en voz baja:
—Nunca usaría las mismas tácticas contigo que he usado con otros.
—...Más te vale recordarlo —respondió Sierra ligeramente, tratando de convertir el momento en una broma antes de dirigirlos de vuelta al asunto en cuestión—. Además de estar viviendo con la familia Wynn, ¿Quinn hizo algo más sospechoso?
Johnathan movió la cabeza de lado a lado. Quinn había aparecido para buscarlo aproximadamente a las 8:30 de aquella noche. Acababa de concluir una conversación informal con varios invitados cuando advirtió la ausencia de Sierra. Mateo le había informado que Sierra había partido junto con Quinn. Recordaba claramente haber consultado su reloj en ese preciso momento.
Según el testimonio de Sierra, ella había solicitado a Quinn que fuera por él cerca de las 8:00. Esa secuencia temporal encajaba perfectamente. Desde aquella zona del jardín hasta el salón principal, una persona promedio requeriría aproximadamente treinta minutos de caminata.
Además, la reacción de Quinn al encontrar a Sierra, junto con su conducta posterior, no exhibía ni la más mínima señal sospechosa.
Sierra confirmó su razonamiento con un gesto. En el fondo, ella tampoco deseaba que Quinn fuera la culpable. Si resultara serlo, Johnathan quedaría completamente destrozado.
—Si aún no podemos identificar al responsable, entonces investiguemos la sustancia —propuso Sierra, extrayendo un documento.
Se trataba de un informe que había solicitado a Autumn compilar durante los últimos dos días. No le había ocultado la realidad a Autumn: que había estado a punto de ser violentada. Autumn se había sentido tan impactada que casi toma un vuelo para visitarla. Sierra tuvo que emplear todos sus recursos para tranquilizarla y persuadirla de que analizara las muestras sanguíneas en su lugar.
En este ámbito, tanto ella como Johnathan eran especialistas reconocidos.
—Observa estos datos específicos —señaló Sierra, indicando ciertos puntos—. Estos no corresponden a compuestos comercialmente disponibles. Sospecho que se trata de una fórmula experimental. Podríamos descubrir pistas siguiendo esta línea de investigación.
Johnathan tomó el informe. Su semblante se transformó instantáneamente. Era considerablemente más exhaustivo que el análisis hospitalario o incluso el borrador previo de Autumn.
Y dentro de él, identificó varios patrones de información cruciales, unos que reconocía a la perfección. Porque habían emergido de su propio trabajo de laboratorio.
—¿Qué pasa? —preguntó Sierra, sintiendo el cambio en él.
Johnathan se volvió hacia ella, por una vez visiblemente conmocionado:

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