Quinn originalmente había querido que Johnathan encontrara a Sierra después de que hubiera sido violada. Todo había sido preparado perfectamente, entonces ¿cómo había salido mal?
El doctor dijo que Sierra no había sido asaltada. ¿Qué había pasado? Draven notó a Quinn rondando cerca pero no la cuestionó. Se unió a Maddox y los demás para investigar lo que había ocurrido.
Dentro de la habitación del hospital, Johnathan se sentó silenciosamente junto a la cama, agarrando fuertemente la mano de Sierra mientras esperaba a que despertara. Nadie se atrevía a molestarlo. Johnathan no tenía idea de cuánto tiempo había estado sentado ahí.
Paralelamente, Maddox y su equipo no habían logrado avances significativos. Maddox examinó meticulosamente los expedientes de cada asistente y empleado presente durante el evento, pero no emergió información comprometedora alguna.
El informe médico finalmente llegó, confirmando la presencia de sustancias tóxicas en el organismo de Sierra. Sin embargo, Johnathan carecía de conocimientos especializados, y lo único que logró comprender de las explicaciones del facultativo era que las concentraciones de la droga en su torrente sanguíneo alcanzaban niveles críticos. El centro hospitalario no disponía de los recursos necesarios para efectuar un análisis exhaustivo.
Incluso Draven dudaba sobre cómo comunicar esta información a Johnathan, por lo que tras reflexionar, marcó reluctantemente el número de Autumn. Su último intercambio con Autumn había concluido de manera desafortunada. Anteriormente ella lo había respetado, pero su carácter impredecible había destruido esa consideración. Cuando respondió la llamada, su tono distaba mucho de ser cordial.
Al enterarse de lo que necesitaba, mostró sorpresa.
—¿Por qué no consultas directamente con Sierra?
Sabía que él y Sierra mantenían una relación cercana. Pero entonces comprendió la situación.
—Aguarda... ¿acaso le ha ocurrido algo?
—Limítate a analizar la muestra. Evita las interrogaciones —replicó Draven.
Autumn se enfureció. Deseaba mandarlo al demonio, pero la inquietud por Sierra prevaleció. Accedió de mala gana a colaborar.
Treinta minutos después, volvió a comunicarse.
—¿De dónde demonios obtuviste esa sustancia? —exigió saber.
—Procede con el análisis —respondió Draven imperturbable.
Con un bufido de exasperación, Autumn expuso sus descubrimientos.
—La muestra contiene tres componentes químicos primordiales. El primero provoca alucinaciones y letargo. El segundo desencadena una descarga masiva de adrenalina, causando que el individuo pierda completamente el autocontrol. El tercero genera adicción severa.
—Ni se te ocurra preguntar cómo estos tres coexisten, porque yo también me lo cuestiono.
Los primeros dos efectos, somnolencia e hiperactivación adrenérgica, deberían haber sido incompatibles entre sí, no obstante, inexplicablemente, operaban en conjunto.
El rostro de Draven se volvió sombrío mientras escuchaba. Autumn no había terminado.
—Sierra es quien fue drogada, ¿no?
Antes de que pudiera obtener una respuesta, la llamada se cortó. Autumn miró su teléfono, medio riéndose de incredulidad. Usar y descartar. Típico.

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