Johnathan se inclinó y gentilmente presionó su frente contra la de Sierra. Sabía que ella ya tenía demasiadas cosas con las que lidiar, y ahora también estaba cuidando a Dora.
Sierra negó con la cabeza.
—La traeré conmigo a la escuela mañana. Haré que alguien ayude a cuidarla, y trataré de irme temprano en la tarde.
—Está bien —respondió Johnathan, su voz ronca.
Hablaron un poco más antes de regresar adentro. Johnathan cuidadosamente levantó a Dora, pero en el momento en que fue tocada, se despertó sobresaltada, sus ojos llenos de miedo. Solo cuando vio que era Johnathan y Sierra se relajó.
La mirada en sus ojos hizo que Sierra sintiera aún más dolor. Johnathan cargó a Dora hacia el coche y ayudó a acomodarlas. Había llamado a un conductor para llevarlas a casa.
—Mándame un mensaje cuando lleguen —le recordó.
Sierra asintió, a punto de responder, cuando notó una mancha grande y oscura extendiéndose por la camisa de Johnathan. No lo había notado antes, pero bajo la luz, era imposible no verla.
Se congeló por un segundo. Johnathan siguió su mirada y explicó:
—Se derrumbó completamente antes.
Sierra asintió en comprensión.
—Descansa tú también.
Entonces llevó a Dora a casa. Sierra siempre había sentido cariño por la pequeña, pero después de escuchar todo lo que había vivido, su corazón se enterneció aún más.
Una vez en casa, bañó a Dora con cuidado y la preparó para dormir. Como no sabía si Johnathan regresaría esa noche, Sierra decidió acompañar a la niña. No la presionó con preguntas sobre lo ocurrido. Aunque Dora apenas tenía tres años, todo lo que había soportado la había hecho más madura de lo que correspondía a su edad.
Cuando vio a Sierra acostándose junto a ella, Dora parpadeó sorprendida. Luego su rostro se iluminó de felicidad genuina.
—Duerme ahora, ¿sí? Mañana tengo que levantarme temprano. ¿Te gustaría acompañarme?
Dora asintió con entusiasmo. A la mañana siguiente, en cuanto Sierra la despertó, la niña se levantó sin protestar. Aunque aún tenía sueño, no hizo berrinches; simplemente siguió a Sierra en silencio. Esa actitud solo logró que el corazón de Sierra se derritiera aún más.
Cuando Sierra llegó a la escuela con Dora de la mano, causó cierto revuelo. Aquella publicación anterior se había extendido como pólvora, alimentando especulaciones sobre la relación entre Johnathan y Quinn. Sin embargo, al ver que Sierra traía personalmente a la niña, esos rumores comenzaron a desvanecerse.
Los laboratorios no eran lugar apropiado para nadie, mucho menos para una niña pequeña. Sierra habló con el personal de seguridad y acomodó a Dora en la oficina de planta baja con algunos juguetes.

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