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La Heredera Perdida: Nunca Perdona romance Capítulo 329

Shane no hizo esfuerzo por ocultar su interés en Sierra, usando una sonrisa llena de intriga.

—¿No lo hace aún más divertido? Convertir lo imposible en posible: eso es lo que más disfruto.

Durante los siguientes días, Sierra y su equipo, incluyendo a Autumn, se enfocaron intensamente en investigar las mutaciones en la sangre de Quinn y Dora y métodos potenciales para suprimirlas.

Gracias a la medicación que Johnathan había administrado, sus reportes de sangre eran significativamente diferentes ahora. La progresión de la enfermedad se había ralentizado claramente, y las células mutadas parecían estar bajo control parcial.

—¿Qué usaste? —preguntó Erwin con asombro.

—No fui yo —respondió Sierra, negando con la cabeza. Johnathan había sido quien encontró la droga. No había mencionado los detalles específicos, y ella no había preguntado, pero no había esperado que los resultados fueran tan efectivos.

Por alguna razón inexplicable, súbitamente recordó la investigación cuestionable que Shane le había mostrado en el pasado: estudios que transgredían múltiples protocolos éticos. Había alegado que pertenecían a Johnathan. En aquel momento, Sierra no había creído ni una sola palabra. Pero ahora... sintió que su convicción se tambaleaba peligrosamente.

Ningún otro miembro del grupo percibió el cambio en su expresión. La mayoría de ellos eran grandes admiradores de Johnathan, especialmente Erwin, quien inmediatamente exclamó:

—¡Por eso el señor Yaeger es extraordinario! ¡Impresionante!

Sierra comprimió los labios con tensión. Decidió que esa noche le preguntaría a Johnathan exactamente qué tipo de tratamiento había empleado. Mientras tanto, Johnathan ya había descubierto información sumamente preocupante. Portando la evidencia consigo, tocó la puerta de la habitación de Quinn.

—¡Johnathan! —Quinn se mostró genuinamente complacida de verlo—. Estás tan saturado de trabajo, ¿por qué te molestaste en venir hasta aquí?

Johnathan no fue directo al asunto inmediatamente. En su lugar, indagó:

—¿Dónde se encuentra Dora?

—En su habitación, dibujando.

Johnathan fue a verificarlo. Al constatar que Dora efectivamente estaba sentada silenciosamente con su cuaderno de dibujo, cerró la puerta suavemente tras de sí. Manteniendo su voz serena, consciente de que había una menor presente en la casa, preguntó con frialdad controlada:

—¿Incluso ahora, aún te niegas a confesar nada?

La expresión de Quinn se transformó dramáticamente. Evitó su mirada por completo.

—Johnathan, ¿qué esperas exactamente que revele?

Johnathan la observó con frialdad glacial, sus ojos entornándose mientras ella se mostraba progresivamente más nerviosa.

—Realmente no tengo idea de qué estás insinuando.

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