Sierra no respondió. Ya sabía a quién estaba implicando Shane, pero se negaba a creerlo. No podía creer que Johnathan pudiera hacer algo así. Y sin embargo, la voz de Shane siguió resonando en sus oídos.
—¿Crees que está limpio? No está más limpio que cualquier otro.
Su tono era bajo, demasiado bajo para que Autumn lo escuchara, pero Sierra captó cada palabra. Sin dudarlo, agarró la taza sobre la mesa y se la arrojó directamente.
Shane no había esperado que ella actuara tan de repente. Con su movilidad limitada, no tenía forma de esquivarla. La bebida azucarada se derramó por toda su cara, dulzura pegajosa adhiriéndose a su piel y ropa. El olor era nauseabundo.
Antes de que pudiera reaccionar, Sierra ya estaba de pie.
—Una persona como tú no tiene derecho a juzgar a nadie, mucho menos a él.
Sin otra palabra, agarró su bolsa y le gritó a Autumn, luego salió como una tromba del restaurante, dejando a Shane solo. Se quedó congelado en su silla de ruedas, aturdido. Pasó un largo momento antes de que un mesero se acercara cautelosamente y le entregara una servilleta.
—Señor... ¿está bien?
Eso pareció devolverlo a la vida. Su sonrisa familiar y pulida se deslizó de vuelta a su lugar.
—Estoy bien. Gracias.
Viendo su comportamiento cortés, el mesero no pudo evitar comentar:
—Su novia sí que tiene carácter.
Shane se quedó momentáneamente perplejo. Entonces su sonrisa se intensificó, volviéndose apenas un poco más auténtica.
—Sí... siempre ha sido así de directa. No puedo reprocharle nada, sin embargo. Una vez le causé daño...
Tal vez el mesero jamás había conocido a alguien capaz de mantener tal serenidad incluso después de ser empapado con una bebida. Continuó charlando animadamente, pero Shane solo asentía de manera distraída. Nadie podía descifrar lo que realmente bullía en su mente.
Abajo, Sierra arrastró a Autumn consigo, caminando aceleradamente con los labios comprimidos. Al percibir su expresión tensa, Autumn no se atrevió a pronunciar palabra alguna. No fue hasta que salieron del establecimiento que Sierra finalmente se detuvo. Exhaló un suspiro y se disculpó:
—Autumn, terminemos el día aquí. Podemos salir nuevamente en unos días.
—Por supuesto —respondió Autumn, luego añadió—: No permitas que alguien como él te afecte. No merece tu enojo.
—Lo entiendo.
Sierra sintió la calidez expandirse por su pecho. Las palabras reconfortantes de Autumn aliviaron parte del peso que oprimía su corazón. Después de despedirse, Sierra no se encaminó directamente a casa. En su lugar, intentó contactar a Johnathan una vez más. Seguía sin obtener respuesta.
Así que solicitó un taxi y se dirigió directamente a su empresa. Había supuesto que aún estaría trabajando, pero cuando llegó al lugar, las oficinas ya habían cerrado por la noche. Solo permanecían los guardias de seguridad de turno. Las luces de su oficina llevaban tiempo apagadas.
Por el guardia de seguridad, Sierra se enteró de que Johnathan se había marchado esa tarde, acompañado de Quinn. Al escuchar esa información, no logró identificar exactamente qué estaba experimentando. No se trataba de desconfianza.

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