Sierra repasó cada persona con la que había estado en contacto últimamente, pero no encontró nada. El único nombre que le vino a la mente fue Shane, pero no había forma de que alguien como él pudiera haberse acercado al Instituto de Astrofísica. Ese era el territorio de Draven. Y sin embargo, fue allí donde todo explotó.
Nadie estaba más furioso que el propio Draven. Cuando Autumn apareció, su rostro era una máscara de rabia. Después de trabajar con Sierra por un tiempo, sabía que ella no era el tipo de persona que cometía errores por descuido. Alguien claramente le había tendido una trampa. ¿La peor parte? No podía averiguar quién.
—¿Quién más tuvo acceso a los datos del laboratorio además de ella? —preguntó Draven con brusquedad, sin molestarse en endulzar la situación.
Autumn parpadeó y luego captó instantáneamente su insinuación. Su rostro se oscureció de ira.
—Señor Draven, ¿qué demonios está tratando de decir? Ella es nuestra compañera junior. ¿Cree que nosotros la sabotearíamos?
Draven no vio ningún problema con la pregunta. Habló fríamente.
—Ella es extremadamente talentosa.
El mensaje implícito estaba claro: alguien celoso de ella podría haberla saboteado.
Autumn realmente se rió con incredulidad.
—¿Por qué no mira a su propia gente? Ustedes tenían mucho más acceso que nosotros. Y no se preocupe, también estaremos investigando. No vamos a dejar pasar nada. Espero que pueda entender eso.
Sus palabras expresaban «comprensión», pero su tono revelaba exactamente lo contrario.
Su opinión sobre Draven se desplomó por completo. Antes pensaba que su mal carácter solo emergía en temas de investigación, algo comprensible para todos. Cualquiera podía irritarse al enfrentar obstáculos. Pero ahora, comprendía que el carácter íntegro de Draven era cuestionable.
Había confiado en que él ayudaría a liberar a Sierra lo antes posible. Esa esperanza se había esfumado irremediablemente.
—Informaré de todo esto al profesor Martin. Y si descubrimos que el problema se originó en su departamento, nos deberá una disculpa formal.
Abandonó el lugar con indignación.
Draven esbozó una sonrisa torcida. Los discípulos de Martin eran todos de una ingenuidad exasperante. Él simplemente había planteado el escenario más probable, ¿y ni siquiera podían afrontarlo?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera Perdida: Nunca Perdona
Problemas para desbloquear capitulos...