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La Heredera Perdida: Nunca Perdona romance Capítulo 272

Cuando Johnathan llegó a casa, Sierra no estaba. Estaba a punto de llamarla cuando se abrió la puerta.

—¿Qué quieres para cenar?

Lo dijo con naturalidad, como si nada extraordinario hubiera ocurrido, mientras se dirigía directamente a su habitación para cambiarse.

Johnathan no indagó sobre su paradero. Simplemente se arremangó la camisa y se encaminó hacia la cocina. Sierra lo siguió en silencio, moviéndose armoniosamente a su lado mientras preparaban la cena juntos.

No tardó mucho en percibir que algo no andaba bien.

—¿Qué sucede? —preguntó él, captando la tensión en sus movimientos.

Sierra vaciló brevemente antes de responder con franqueza:

—José vino a buscarme hoy.

Al escuchar aquellas palabras, el rostro de Johnathan se ensombreció por completo.

—¿Qué quería? —Su voz había adquirido un tono metálico.

Sin suavizar la realidad, Sierra le transmitió lo esencial: la propuesta de José, su ofrecimiento de desaparecer si Johnathan regresaba a la familia.

Una risa breve y gélida escapó de los labios de Johnathan.

—¿Prometió marcharse? —Su sonrisa estaba cargada de desprecio—. ¿Mencionó algo sobre Susie?

Siempre le había resultado irónico cómo algunos alardeaban de nobleza únicamente cuando les resultaba conveniente. Si José realmente buscaba evitar conflictos, ¿por qué molestarse en aparecer?

—Dijo que no podía hablar en nombre de su madre. Solo mencionó que... ella ama profundamente a tu padre —respondió Sierra con cautela.

El cuchillo que Johnathan sostenía se detuvo abruptamente en medio del corte. Sierra acortó rápidamente la distancia entre ambos y posó suavemente su mano sobre el brazo tenso de él.

—Tranquilo. Vas a astillar la tabla de cortar.

Ella siempre había tenido esa capacidad de anclar sus emociones, de devolverlo a tierra. Él la miró directamente.

—¿Le crees?

—Te creo a ti.

Su voz era tranquila, firme.

—Él es un extraño para mí. Tú no lo eres.

Incluso si José realmente admiraba a Johnathan, Sierra no iba a decirle a Johnathan que lo aceptara. Tal vez José era inocente. Pero Johnathan había perdido mucho más.

Sierra tomó el cuchillo de su mano y siguió cortando, su voz aún suave.

—Simplemente haz lo que sientas que es correcto para ti. Él vino a mí para decir lo que pensaba. Eso es todo. Lo que sea que quieras hacer, te apoyo.

La tensión en los hombros de Johnathan se alivió.

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