—Solo creo que tienes una personalidad muy cambiante —explicó Sierra.
—¿Puedes aceptar eso? —preguntó Jonathan con calma, su expresión inescrutable.
Sierra pensó por un momento antes de responder seriamente:
—No creo que sea un gran problema.
El corazón tenso de Jonathan se relajó instantáneamente, y sintió algo que lo rozaba suavemente: una sensación plena y expansiva. Era la primera vez que sentía algo así.
Incapaz de resistir, atrajo a Sierra a sus brazos y susurró junto a su oído:
—Esto es bueno. Puede que veas diferentes lados de mí en el futuro, pero no importa qué, nunca te haré daño. Solo recuerda eso.
Sierra envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Jonathan, respondiendo a sus palabras con acciones.
Se abrazaron durante largo tiempo antes de que Jonathan finalmente la soltara, un rastro de impotencia en su voz:
—Sierra, en serio, no me tientes. Mi autocontrol no es tan fuerte como crees.
Al escuchar esto, Sierra levantó la mirada hacia él y dijo solemnemente:
—Primero que nada, ¡yo no te tenté! No cambies la culpa. Segundo, tu imagen ya se ha derrumbado ante mis ojos, así que ni siquiera hables de autocontrol. Honestamente, ¡no creo que tengas nada de eso, señor Yeager!
Sus palabras hicieron que Jonathan estallara en risas. Sintió una oleada de genuina alegría.
—¿Por qué eres tan adorable? —No pudo evitar pellizcar su mejilla otra vez.
Sus sentimientos por Sierra se profundizaron.
Tomando una respiración profunda, Jonathan fue a hacer pasta. Si se demoraba más, no estaría cenando, la estaría devorando a ella.
Sierra se sintió completamente satisfecha después de terminar su plato.
—Cuando tenía cumpleaños, la abuela siempre me hacía pasta. Jonathan, ¿sabes? El año pasado fue la primera vez que alguien me dio un pastel de cumpleaños.
Un pastel exclusivamente suyo, no una sobra que recibía únicamente por la intervención de Denise. Un destello de profunda tristeza cruzó fugazmente la mirada de Jonathan.
—El próximo año te conseguiré otro. De ahora en adelante, estaré presente cada año para celebrar tu cumpleaños contigo.
Sierra quiso advertirle que no hiciera promesas con tanta ligereza, pero el ambiente era demasiado perfecto. No deseaba arruinar aquel momento. Tras concluir su cena, llegaba el momento de que ella regresara a su hogar. Sin embargo, ninguno mencionó este hecho.
Ahora Sierra comprendía verdaderamente ese apego tan característico entre amantes. Aunque vería a Jonathan al día siguiente, le resultaba doloroso separarse de él aunque fuera por un instante. Aun así, se incorporó con determinación.

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