Aunque ya estaban en un punto sin retorno, Sebastián seguía manteniendo la calma. Soltó a Gabriela, se irguió y pensó que, la verdad, no se atrevía.
Se dio la vuelta y se fue apresurado, casi tropezando con sus propios pasos.
Gabriela lo siguió con la mirada y soltó una risa suave.
—Señor Zesati, yo creí que eras mucho más valiente, pero ya veo que tampoco es para tanto.
Sebastián se detuvo en seco, giró apenas la cabeza y la miró por encima del hombro. Sus labios formaron una media sonrisa.
—Esa te la apunto en la libreta —dijo, y sus palabras quedaron flotando en el aire.
Ya se encargaría de devolverle el favor cuando llegara el momento.
Gabriela se rió suavemente.
—Perfecto, yo aquí te espero.
Sebastián se dirigió hacia el baño.
Pasó un buen rato antes de que Sebastián saliera de ahí.
Regresó a la sala de descanso y encontró a Gabriela profundamente dormida.
Su rostro sereno invitaba a mirarla un poco más.
Sebastián se sentó a su lado, apoyó la barbilla en una mano y se quedó observándola en silencio.
Cuatro horas pasaron volando.
Justo cuando el avión tocó tierra, Gabriela abrió los ojos.
—¿Ya llegamos?
—Sí —asintió Sebastián—, ya estamos aquí.
Gabriela volteó a ver el reloj de pared.
Habían tomado el vuelo a las nueve de la noche, y ahora ya era la una de la madrugada.
Sebastián tomó una chamarra ligera y se la puso sobre los hombros a Gabriela.
—En Mar Austral hace frío en la noche, ponte esto.
—Gracias —Gabriela asintió.
Juntos caminaron hacia la salida.
Sebastián le recibió la maleta al capitán, la tomó con una mano y con la otra le agarró la mano a Gabriela.
—¿Ya tienes el lugar donde vamos a quedarnos? —preguntó Gabriela.
Sebastián asintió.
—Por hoy nos quedamos en la casa de la playa, ¿te parece?
Resulta que tenía una casa por ahí, muy cerca.
—Perfecto —dijo Gabriela—, ¿y mañana qué?
—Mañana vamos a la isla —respondió Sebastián.
—Bien.
Cuando viajaba con Sebastián, Gabriela no tenía que preocuparse por nada. Él siempre se encargaba de organizar todo a la perfección.
...
Por otro lado.
Jasmina no lo estaba pasando nada bien estos días.
Todos los días soñaba con que sus papás vendrían a buscarla, que la rescatarían.
Pero no pasaba.
Ni siquiera su prima Teresa había dado señales de vida.
Jasmina enseguida dejó el suyo y se levantó para servirle más arroz.
Chris la miró satisfecho, como quien mira algo bien hecho.
Enseguida, Jasmina volvió con el plato lleno.
—Por la tarde vamos al hospital —dijo Chris de repente.
Jasmina se quedó de piedra.
—¿Por qué al hospital?
—Para ver por qué no puedes quedar embarazada —contestó Chris.
El mayor sueño de Chris era tener una familia, hijos corriendo por la casa.
Aunque Jasmina no fuera la mujer ideal para él, al menos ahora cumplía con lo que se esperaba de una esposa.
Además, los genes de la familia Mar eran buenos, seguro que sus hijos serían excelentes.
Al escuchar eso, a Jasmina le hervía la sangre, deseando tomar el cuchillo de la cocina y clavárselo en la cabeza.
Ya no pudo ocultar su enojo.
Chris tiró los cubiertos y golpeó la mesa, poniéndose de pie de un salto.
—¿Qué pasa? ¿No quieres tener hijos conmigo?
Se veía tan amenazante que parecía que en cualquier momento podría matarla.
Jasmina, que ya había recibido más de un golpe estos días, se asustó tanto que se le fue el color del rostro.
—No, no es eso, Chris, me malinterpretaste —dijo rápidamente—. Es que escuché que tener hijos duele mucho y, la verdad, me da miedo...
Chris la interrumpió.
—¿Y qué mujer no tiene hijos, Jasmina? ¿Te crees que sigues en el sistema estelar S? ¡Ya no eres la señorita de tu casa!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...