Entrar Via

La Heredera del Poder romance Capítulo 2819

¿Será posible...?

De pronto, a Joana se le ocurrió una idea y alzó la mirada hacia Mario.

—Doctor, creo que... estos ojos deben de ser de las personas que estuvieron de guardia anoche.

Al escucharla, a Mario casi se le va el alma del susto.

Siempre había pensado que podía controlar a la bestia...

Jamás imaginó que llegaría a esto.

¿Y ahora qué...?

Si esos ojos realmente eran de quienes hicieron guardia anoche, eso solo podía significar una cosa: la bestia ya se había salido de control.

Mario miró de inmediato a su secretaria.

—¡Rápido! ¡Avísale a Hamm, que prepare más carbonato de potasio!

Mientras tuvieran carbonato de potasio a la mano, la bestia podía ser contenida.

Al pensar en eso, Mario se sintió un poco más tranquilo.

Todavía no estaban completamente acorralados.

—Entendido —respondió la secretaria, asintiendo, y de inmediato llamó a la base central.

Al recibir la noticia, en la base comenzaron a preparar una gran cantidad de carbonato de potasio.

Mario encendió un cigarro, con la cabeza hecha un lío, sin saber qué hacer.

Joana intentó calmarlo:

—Doctor, no se altere. A lo mejor no es tan grave como parece.

—¿A qué te refieres? —le preguntó Mario.

Joana explicó:

—La bestia es enorme. Incluso si pudiera achicarse, no podría reducirse a una sola célula. Si realmente se hubiera descontrolado, en toda la región ya habría caos, no esta calma que tenemos.

Mario entrecerró los ojos, la miró y preguntó:

—¿Entonces, qué estás sugiriendo?

—Podría haberse autodestruido —dijo Joana.

—¿Autodestruido? —repitió Mario, sorprendido.

Joana asintió:

—Sí. Si no fuera así, ya habría habido alguna señal. No puede ser que esté todo tan tranquilo.

El Estado Luz no era tan grande. Si la bestia estuviera escondida en algún lado, alguien la habría encontrado. Pero no había ni una sola noticia.

—¿Y entonces cómo explicas esos ojos? —insistió Mario.

En el fondo, Mario no quería que la bestia desapareciera.

Después de todo, aún necesitaba aprovecharla para fabricar el motor perpetuo.

Todo el mundo estaba esperando verlo fracasar; si no lograba ningún resultado, sería el hazmerreír de todos.

—Doctor, qué bueno que regresó, venga por acá —le indicó su joven asistente.

Mario lo siguió hasta el ala oeste del laboratorio.

La bestia había vuelto.

Allí estaba, dentro de la jaula especial, jugando tranquilamente con fuego.

Al ver a Mario, la bestia pareció reconocerlo y se puso de pie, soltando un rugido emocionado.

—¡Lucy!

Mario estaba tan emocionado que casi se le salían las lágrimas.

Pero, en medio de esa emoción, sintió que algo no encajaba.

La bestia parecía diferente.

Seguía teniendo tres cabezas, pero había algo raro en ella.

—¿Eres realmente Lucy? —preguntó Mario.

La bestia asintió rápidamente.

Mario frunció el ceño y miró a su asistente.

—¿Volvió sola?

—Sí —respondió el asistente, asintiendo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder