Entrar Via

La Heredera del Poder romance Capítulo 2728

La abuela Lozano tuvo un accidente.

Al escuchar esas palabras, Sofía sintió un vuelco en el corazón. De inmediato soltó lo que tenía entre manos y volteó hacia el mayordomo.

—¿Qué le pasó a la abuela?

El mayordomo la miró, inseguro de cómo decirlo, y al final soltó:

—La abuela... la abuela parece que... parece que ya no respira.

—¿¡Qué!? —el rostro de Sofía se puso pálido—. ¿Estás seguro? ¿No será un error?

¿Que no respira?

¡Eso no podía ser!

¡Si justo anoche había estado perfectamente!

El mayordomo intentó explicar:

—Esta mañana la señora Rios fue a tocar la puerta de la abuela. Llamó varias veces y nadie respondía, así que entró. La encontró acostada en la cama, y pensó que estaba profundamente dormida. Pero cuando le acercó la mano, la abuela ya no tenía pulso ni respiración.

Sofía jamás se imaginó que a la abuela Lozano le pasaría algo así de repente. Se obligó a calmarse y preguntó:

—¿Llamaron al doctor Marino?

El doctor Marino era el médico de cabecera de la abuela Lozano, nadie conocía mejor su salud.

El mayordomo asintió:

—Sí, ya lo llamé, el doctor viene en camino.

—Bien —Sofía ya no pensaba en más nada. Mientras salía apresurada, preguntó—: Por cierto, señor Reyes, ¿avisaste a Rodrigo?

Rodrigo se había ido temprano a la empresa, no estaba en casa.

Si la abuela Lozano había tenido un accidente, y viviendo con él, por supuesto que debían avisarle enseguida.

—Con el apuro se me olvidó —dijo el mayordomo apenado—. Ahora mismo lo llamo.

—¡Sí, háblale, dile que regrese volando!

Sofía ya iba rumbo al pasillo cuando de pronto recordó algo, dio media vuelta y subió las escaleras llamando fuerte:

—¡Adam! ¡Adam!

Al oír la voz angustiada de su madre, Adam abrió la puerta de golpe.

—¡Mamá! ¿Qué pasó?

—Tu abuela tuvo un accidente, ¡ven conmigo!

Apenas escuchó eso, Adam salió corriendo tras Sofía, sin siquiera cambiarse la pijama.

La abuela Lozano ya era muy mayor, tenía más de noventa años. A esa edad, cualquier cosa podía ser fatal.

—¿Y Gabi? —preguntó Sofía—. ¿No ha regresado?

—Todavía no —respondió Adam.

Gabriela se había ido de viaje la noche anterior y aún no volvía.

Adam agregó:

—Voy a llamar a Sebas.

Si lograba comunicarse con Sebastián, él podía avisarle a Gabriela.

—Hazlo —asintió Sofía—. Dile a Sebastián que le diga a Gabi que vuelva lo antes posible.

Y justo antes de que Adam se fuera, Sofía le puso una mano en el brazo y le advirtió, con voz baja:

—Adam, tienes que prepararte. Tu abuela... puede que ya no esté con nosotros.

Adam había sido criado por la abuela Lozano desde niño. Sin duda, él era quien más iba a sufrir.

La señora Rios llevaba menos de dos años en la casa de los Lozano, pero siempre pensó que la abuela era una señora tierna. La noticia la conmovía, pero también la preocupaba perder su trabajo: cuidar a la abuela era su tarea principal, y los Lozano pagaban muy bien.

Sentía tristeza por la abuela, pero también por su propio futuro.

Sofía entró sin dudarlo al cuarto.

La abuela Lozano yacía en la cama, con los ojos cerrados, tan tranquila que parecía dormida.

—¡Mamá! —llamó Sofía.

La abuela no respondió.

—¡Abuela!

Adam la miraba sin poder creerlo.

La abuela Lozano había cometido errores, sí, pero también había sido una buena abuela.

Errores tenía, pero también virtudes.

Después de todo, Adam había sido criado por ella.

Los recuerdos le golpearon, y de pronto las lágrimas comenzaron a caerle sin control.

—¡Abuela! —se arrodilló al borde de la cama, llorando desconsoladamente.

Sofía se acercó, le puso la mano frente a la nariz, buscando un soplo de vida.

Tal como había dicho la señora Ríos, la abuela Lozano ya no respiraba.

Frente a esa realidad, Sofía tampoco pudo contenerse y rompió en llanto:

—¡Mamá! ¡Mamá, por favor, despierta!

Nadie se hubiera imaginado que la abuela Lozano, tan alegre y conversadora ayer, hoy ya no estuviera en este mundo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder