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La Heredera del Poder romance Capítulo 2711

—¿Dónde? —preguntó Santiago al instante.

—Allá, junto a la ventana —señaló Kelvy.

Santiago e Ian miraron enseguida hacia donde Kelvy indicaba, y efectivamente, vieron la espalda de Adam.

Sentada frente a él estaba una chica con un vestido blanco, de los que parecían sacados de otra época, con un aire tradicional pero adaptado a lo moderno. Llevaba el cabello recogido con una peineta de jade, dejando al descubierto su cuello blanco y delicado, lo que le daba un encanto clásico, sereno y elegante.

—Mira nomás, Adam no escoge mal, ¿eh? —bromeó Santiago.

—Sí, se ven bien juntos —dijo Ian, sonriendo.

—Adam siempre tan discreto, pero cuando sale con alguien, lo hace en serio —agregó Kelvy, moviendo la cabeza con admiración.

Los tres buscaron una mesa apartada y se sentaron, comenzando a hablar sobre lo que les deparaba el futuro.

—Hasta Adam ya tiene con quién salir, ¿y nosotros qué? —suspiró Kelvy.

Ian hojeó el menú y sin levantar la vista, dijo:

—Quítale el "nosotros", por favor.

Kelvy se quedó un poco confundido.

—¿Cómo que le quite el "nosotros"? ¿Qué significa eso?

Santiago no perdió la oportunidad de reírse:

—Significa que aquí el único que queda soltero eres tú, amigo.

Kelvy pegó un brinco en la silla.

—¿A poco ustedes ya tienen pareja también?

Santiago solo tomó un sorbo de café, sin decir nada.

Ian siguió revisando el menú como si nada.

Kelvy ya casi se ponía rojo del coraje.

—¡Díganme la verdad! ¿Cuándo pasó esto? ¡No manchen, cómo es que yo no sabía nada! ¿A poco estaban saliendo a escondidas?

Santiago soltó una carcajada y alzó la taza:

—Todavía no hay nada, mi historia apenas empieza, Ian lo sabe bien. ¡Con la prima de Adam!

—¿Con Lys? —preguntó Kelvy, asombrado—. ¿O sea que Ian y Lys…?

Ian lo corrigió de inmediato:

—Nada de andar a escondidas, ¿eh? Todavía ni somos novios. Ni ella ni yo andamos con nadie, así que no inventes.

Kelvy ya no sabía si reír o llorar.

—¿Y desde cuándo pasa esto? ¿Por qué nadie me cuenta nada? ¡Qué mala onda, eh! ¡Se están guardando todo para ustedes!

—La semana que viene pienso declararme —dijo Ian, como quien revela un secreto, pero con una sonrisa tranquila.

Él y Lys ya se llevaban muy bien, se enviaban mensajes de buenas noches y sentían algo especial el uno por el otro, solo faltaba dar el siguiente paso.

Al escuchar esto, Kelvy suspiró aliviado y se rió.

—¡Ah, bueno! Todavía no pasa nada. Me asustaron.

Después agregó:

—Entonces tú también eres soltero, no te hagas.

—La próxima semana ya no —contestó Ian, con una mirada de orgullo.

Kelvy no quiso quedarse atrás:

—¡Pues yo también quiero una novia! ¡Voy a empezar a buscar!

Ian lo miró de reojo.

—¿Y a quién le vas a tirar la onda?

Kelvy se quedó callado de golpe.

La atmósfera era tensa y llena de misterio, perfecta para asustar hasta al más valiente. Pero Sue, lejos de asustarse, parecía disfrutar. Al contrario, varias parejas alrededor se asustaban tanto que algunas chicas terminaban abrazadas a sus novios.

A la izquierda de Sue, una chica prácticamente se había refugiado en los brazos de su pareja. Mientras tanto, Adam y Sue miraban la película tranquilos, sin sobresaltarse ni un poquito.

En ese momento, Adam giró la cabeza y miró a Sue; sus miradas se cruzaron.

Con la tenue luz del cine, pudieron distinguirse las caras perfectamente.

Sue sintió que se le subía el color al rostro. Le dio pena, sobre todo por el ambiente tan íntimo en el que estaban.

La situación se volvió algo incómoda.

Adam fue el primero en reaccionar; se aclaró la garganta y preguntó:

—¿Te da miedo?

—Estoy bien —respondió Sue, aunque notó que la voz le sonaba un poco diferente.

Adam se inclinó un poco y dijo:

—Voy a comprar algo de tomar. ¿Qué quieres?

—Lo que tú quieras —contestó ella, aún algo apenada.

Adam salió de la sala y se dirigió a la máquina expendedora de café, respirando el aire fresco del pasillo. Seleccionó dos cafés, de esos dulces que suelen gustar a las chicas.

—¡Hermano!

De repente, escuchó que alguien lo llamaba con sorpresa.

Al voltear, vio a Gabriela y Sebastián acercándose.

—¡Gabi!

Gabriela le sonrió ampliamente.

—¿Tú también vienes al cine?

—Sí —asintió Adam—. Vine con… con una simple amiga.

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