Entrar Via

La Heredera del Poder romance Capítulo 2702

Saulo no se lo esperaba y, sin defensa alguna, recibió una patada de don Mar que lo tumbó en el suelo.

La señora Mar se arrodilló de inmediato, colocándose entre don Mar y Saulo. —¡Papá! ¿Y qué más podíamos hacer? ¿Usted sabe el lío tan bravo en el que se metió esa muchacha? Todo lo que hicimos fue pensando en ella. Dicen que no hay amor más grande que el de los padres. ¿Usted cree que nosotros, siendo sus papás, le haríamos daño?

—Entonces cuéntame pues, ¿qué fue lo que pasó? —exigió don Mar.

Febe solo le había contado a don Mar que Sue estaba encerrada, pero no los detalles de lo sucedido. Él quería ver con qué iban a salir esos dos.

La señora Mar continuó: —¡Esa muchacha se metió con el segundo hijo de los Cervantes, Eason! ¡Y hasta hizo que lo llevaran a la estación de policía...!

Al escuchar todo esto, a don Mar le temblaban las manos de la rabia.

No podía ni imaginarse por todo lo que Sue había tenido que pasar en esos días.

—¡Ustedes dos no tienen perdón! ¡No merecen ser padres! —tronó don Mar—. ¡La que está sufriendo aquí es Sue! ¡Por poco la lastiman! Y ustedes, en vez de defenderla, prefirieron encerrarla para obligarla a ceder. ¿Eso es de gente? ¡Ustedes no tienen corazón!

En ese momento, don Mar solo se lamentaba de no haberse enterado antes y dejar que Sue sufriera tanto.

Saulo y la señora Mar, a sus ojos, valían menos que cualquier cosa.

—¿Cree que nosotros queríamos encerrarla? —replicó la señora Mar, llorando—. ¿Sabe usted quiénes son los Cervantes? El señor Cervantes vino él mismo a pedir disculpas y hasta dijo que quería que Sue se casara con su hijo. ¡Sue iba a ser la señora Cervantes! Si la presionamos fue solo para que pudiera tener una buena vida.

Pero don Mar estaba que explotaba del coraje. Para él era claro que esos dos solo estaban exprimiendo a Sue, pero lo disfrazaban de "buenas intenciones".

—¡Cállese! —le gritó—. ¿Cree que no sé lo que están tramando? Se los advierto, si hoy Sue no sale ilesa de esto, si a mi nieta le pasa lo más mínimo, se las van a ver conmigo.

Dicho esto, don Mar empujó la puerta con fuerza y entró.

Fue como si en medio de la oscuridad, de repente entrara un rayo de luz.

Sue levantó la cabeza y, con los ojos llenos de esperanza, exclamó: —¡Abuelo!

Era su abuelo.

Él había venido a rescatarla.

—¡Mi niña, cuánto has aguantado! —don Mar se acercó y se arrodilló a su lado.

—Abuelo, estoy bien —respondió Sue.

Don Mar suspiró y le entregó una botella de bebida nutritiva. —Toma, primero tomate esto.

—Sí, señor —dijo Sue, recibiendo la bebida.

Con la bebida en el estómago, se sintió mucho mejor.

Don Mar le tomó la mano. —Vámonos para la casa, mi niña.

—Abuelo, ¿lo que dijo del clon es cierto? —preguntó Sue.

Clon.

Sue jamás imaginó que sus papás fueran capaces de algo así.

¡Qué ironía!

—Sí —asintió don Mar—. Si puedes, no vuelves a esa casa.

Sue tenía una expresión difícil de descifrar. —¿Y cómo supo usted que me tenían encerrada?

—Fue Febe la que me avisó —respondió don Mar—. Pero tú también, ¿cómo dejaste que te atraparan? ¿No pudiste fingir que cedías para escaparte después?

Sue, sorprendida, preguntó: —¿Febe?

Febe y ella nunca se habían llevado bien. Jamás pensó que, al final, sería esa hermana menor la que le salvaría la vida.

—Sí —asintió don Mar—. La verdad, esa niña me sorprendió. Siempre parece que nada le importa, pero al final sí supo reaccionar.

Luego agregó: —No te preocupes por Febe, esa pelada es muy avispada. Seguro le asustó lo del clon y por eso se animó a venir a contarme. Si la cosa seguía, a ella tampoco la dejaban tranquila. Hay que admitir que Febe es bastante lista.

Sue dijo: —Sea como sea, le debo mucho. Si no fuera por ella, yo ya sería un experimento fallido listo para desaparecer.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder