La señora Mar se asustó y se levantó de la silla de un brinco. —¡Papá, papá, no se altere! Ya mismo lo llamo —dijo, apresurada.
Apenas Saulo Mar contestó la llamada de la señora Mar, se devolvió a toda velocidad para la casa.
La señora Mar, intimidada por la energía de su suegro, prefirió esperar en la puerta la llegada de Saulo.
Pasaron unos diez minutos hasta que, por fin, vio el vehículo volador de Saulo aterrizando.
Ella salió rápido a su encuentro. —¡Por fin llegaste! ¡Tu papá está como loco!
—¿Y eso por qué? —preguntó Saulo, frunciendo el ceño.
La señora Mar negó con la cabeza. —¡Yo qué voy a saber! Apenas llegó empezó a regañarme.
Al escucharla, Saulo frunció aún más el ceño. Según él conocía a don Mar, su papá nunca era de explotar así porque sí. A menos que de verdad haya pasado algo grave.
—Aparte de regañar, ¿te dijo algo más? —siguió preguntando Saulo.
—Apenas entró preguntó si Sue estaba en la casa… —respondió ella, y de inmediato su expresión cambió—. ¿No será que tu papá ya sabe algo?
—Es posible —dijo Saulo, serio.
—¿Y ahora qué hacemos?
Saulo empezó a caminar hacia adentro. —Vamos viendo sobre la marcha. De pronto ni siquiera vino por ese tema. Mejor no nos asustemos antes de tiempo.
—Bueno —asintió la señora Mar, siguiendo a Saulo.
Ambos entraron al salón principal.
Don Mar estaba sentado en la silla principal.
Saulo se acercó, sonriendo. —¡Papá, qué sorpresa verlo! Dijeron que me estaba buscando, ¿en qué le puedo ayudar?
—¿No sabes bien qué fue lo que hiciste? —le respondió don Mar, mirándolo fijo.
—Papá, ya en serio, no me haga bromas. Cuénteme de una vez, ¿qué pasa?
Don Mar miró a Saulo con decepción. Ya no sabía en qué momento su hijo se había vuelto así.
¿Cómo era posible que hasta a su propia hija le hubiera hecho daño?
—¿Y Sue? —preguntó Saulo.
Como ya había hablado con su esposa, Saulo no parecía preocupado. Siguió: —Sue es su nieta consentida, usted la conoce mejor que yo. Si quiere encontrarla, no debería buscar aquí en la casa, sino en la Tierra. Allá ya casi que tiene una segunda vida.
—¿Ah, sí? —replicó don Mar.
—¡Claro! —aseguró Saulo—. Papá, me enteré que últimamente no se ha sentido muy bien, así que le traje este medicamento especial del sistema estelar F. Pruébelo, a ver si le cae bien.
Don Mar lo miró directo a los ojos. —Te lo pregunto por última vez: ¿dónde está Sue?
—Papá, ya le dije, no está en la casa.
—¿Ah, no quieres decirlo? Entonces tendré que buscarla yo mismo —dijo don Mar, poniéndose de pie y yendo directo hacia las escaleras.
A Saulo se le heló el corazón y corrió tras su papá.
No podía dejar que don Mar descubriera que tenía a Sue encerrada. Si eso pasaba, la cosa se iba a poner fea.
Dentro del cuarto, Sue creyó escuchar la voz de su abuelo.
Pero no estaba segura. Sonaba como si fuera un sueño.
Miro hacia la puerta, con la esperanza brillándole en los ojos.
Cuánto deseaba que su abuelo apareciera y la sacara de ahí.
Afuera, don Mar se arremangó la camisa, listo para tumbar la puerta a la fuerza.
Saulo se desesperó. —¡Papá, cálmese! ¡De verdad, no hay nada ahí! Si le hace falta Sue, yo lo llevo a la Tierra a buscarla.
—¡Quítate de mi camino! —le gritó don Mar, apartándolo de un empujón.
La señora Mar, al lado, también estaba angustiada.
Don Mar se acercó a la puerta y empezó a golpearla con fuerza.
Hasta que Sue, al escuchar los golpes, por fin creyó que sí, era el abuelo que había venido a rescatarla.
¡Por fin!
—¡Abuelo! —gritó con todas sus fuerzas, ahora que había recuperado un poco de energía gracias a la pastilla nutritiva que le había dado Febe.
Al escuchar la voz de adentro, los ojos de don Mar se llenaron de rabia y tristeza. Se giró a ver a Saulo. —¿No que no había nadie? ¿Entonces esa voz de quién es?
Saulo no supo qué contestar.
—¡Desgraciado, no tienes corazón! ¿Cómo pudiste? —le gritó don Mar y, sin pensarlo, le dio una fuerte patada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...