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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 658

—Daniela, ve tú a encargarte de eso. Yo ya tengo claro lo que hay que hacer —afirmó Sabrina con seguridad.

Daniela lo pensó un momento y decidió confiar en Sabrina.

—La verdad, el concierto se acerca y aumentar la fama nunca está de más. Pero en internet siempre hay gente que se deja llevar por cualquier rumor, sin importar si es cierto o no.

Miró a Sabrina y añadió:

—Además, mañana empieza la competencia oficial de violín. Este concurso es demasiado importante. Escuché de Marcelo Blanco que hay quienes harían cualquier cosa por llegar a la final.

Daniela bajó la voz, preocupada.

—Sabrina, me preocupa todo esto por ti...

Antes de que Sabrina respondiera, Sebastián se adelantó con tono firme.

—Durante este tiempo, puedo ser el guardaespaldas de la señorita Ibáñez. Me encargaré de protegerla.

Daniela movió la cabeza hacia Sabrina.

—¿Tú qué crees, Sabrina?

Sabrina se quedó pensativa. Al final, asintió levemente.

—Está bien, hagámoslo así por ahora.

...

Mientras tanto, André recibió una llamada de Nicolás.

[Señor Carvalho, soy Nicolás.]

André, que estaba revisando unos documentos, se detuvo de inmediato.

—Señor Castaño, ¿a qué debo el honor de su llamada tan repentina?

Nicolás habló con voz seria:

—Señor Carvalho, su gran amigo Fabián ha estado difundiendo en internet comentarios negativos sobre mi tío Fidel.

—Entre mi tío y Fabián no hay ningún asunto pendiente. Aunque Fabián ha sido irrespetuoso varias veces con mi abuelo, él siempre le ha pasado por alto por ser más joven. Mi tío tampoco le guarda rencor.

—Pero Fabián ha estado inventando rumores y calumniando a mi tío en las redes.

—Espero que lo haga rápido, señor Carvalho. Este tipo de cosas no pueden tardar mucho, porque perjudican la reputación de mi tío.

Tan pronto colgó, André buscó el número de Iván Silva.

—En diez minutos quiero un informe de todas las noticias que estén circulando sobre Fidel.

André no solía meterse en chismes ni en escándalos, así que desconocía el alcance del problema.

Unos siete u ocho minutos después, Iván entró con el ceño arrugado y cara de preocupación.

André sintió un mal presentimiento.

—¿Pasó algo grave?

Iván abrió la boca, dudó, y no supo por dónde empezar. Finalmente, dejó el documento sobre la mesa de André.

—Señor Carvalho, mejor mírelo usted mismo.

André empezó a hojear la carpeta. Al principio, su expresión seguía tranquila. Pero cuando leyó que una fuente aseguraba que la supuesta amante de Fidel era nada menos que Sabrina, su semblante cambió de inmediato.

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