Sin embargo, a mitad de camino, varios jóvenes de familias ricas le cortaron el paso.
—¡Ulises, te lo advierto, aléjate de Eva!
—Una rana queriendo comerse a un cisne. ¿No te has visto en un espejo? ¿Y todavía te atreves a desear a Eva?
—Oí que perdiste un brazo. El hombre con el que se case Eva no tiene por qué ser excepcional, pero al menos debería tener sus cuatro extremidades, ¿no crees? Y tú… ¿qué importa si llevas una prótesis? Sigues siendo un lisiado.
—¡Jajaja! ¡Quién lo diría! El gran líder de la familia Hoyos resulta ser un lisiado. Seguro que ni siquiera puede valerse por sí mismo en el día a día.
—Ulises, antes eras muy arrogante, ¿no? ¿Qué pasó, se te acabaron los aires? Te lo digo de una vez: ni se te ocurra volver a usar tus sucios trucos para obligar a Eva a salir contigo. No eres más que un bastardo insignificante. ¡No mereces a Eva!
Aunque Sabrina y Ulises eran enemigos, no le interesaba presenciar una escena tan mezquina.
Miró la hora y se dio cuenta de que Sebastián llevaba un rato sin volver.
Se dirigió hacia la zona del bufé para buscarlo.
Sin embargo, apenas entró, escuchó unas risas burlonas y estridentes.
—¿Así que tú eres el mantenido de Sabrina? Oye, pues no estás nada mal. Con razón has llamado la atención de varias señoritas por ahí.
—Y no solo de las mujeres, hasta a los hombres nos dejas sin aliento. Hace un rato, el de la familia de la Torre me andaba preguntando de qué familia era un bombón como tú.
—Oye, muchacho, no se te da nada mal, ¿eh? No solo vives de las mujeres, sino que también sabes sacarle provecho a los hombres.
—Oye, ya que te gusta tanto que te mantengan, ¿qué te parece si te ofrezco un trabajo?
Uno de los jóvenes ricos se acercó y le tiró a Sebastián el postre que llevaba en la mano.
Con una sonrisa maliciosa, señaló el postre en el suelo.
—Venga, venga, si lames todo lo que está en el suelo, te doy un millón de pesos, ¿qué dices?
Los otros jóvenes soltaron una carcajada.
Tiraron al suelo algo de comida que tenían y se unieron a la burla.
—Si te comes este trozo de carne del suelo, yo también te doy un millón.
Los demás se apresuraron a corroborarlo.
—Sí, sí, se le cayó la comida y se manchó de vino. Solo queríamos ver si necesitaba ayuda.
Sabrina vio la mancha de vino en el traje de Sebastián y su mirada se volvió gélida.
Señaló la comida en el suelo y dijo con frialdad:
—Limpien todo lo que está en el suelo con la lengua y les daré cinco millones a cada uno.
Los jóvenes se quedaron atónitos, dándose cuenta de que Sabrina lo había visto todo.
Sin embargo, antes de que pudieran reaccionar, Sabrina tomó una copa de la mesa y le arrojó el contenido a la cara a uno de ellos.
—Perdón, se me resbaló la mano y te manché con vino. No te molesta, ¿verdad?
Ulises, que acababa de ser humillado, se detuvo en seco al presenciar la escena.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...