~MINA~
No supe qué responder inmediatamente.
No conocía la relación entre ellos. No sabía si Emiliano lo quería, si lo extrañaba o si la idea de alejarse de Ezequiel podía hacerle daño. No quería poner mis sentimientos sobre los suyos.
—¿Te preocupa no verlo? —pregunté con cuidado.
Bajó la cabeza. Sus dedos se cerraron alrededor del tenedor.
—Emiliano, puedes decirme lo que piensas.
No respondió.
—No voy a enojarme contigo, mi amor. Puedes decirme lo que sientes, aunque creas que está mal.
Tardó un poco en levantar la cara.
—No me molestaría no ver nunca más a papá.
Sentí que algo se endurecía dentro de mí.
—¿Puedo saber por qué?
Se encogió ligeramente de hombros.
—Porque mi papá no es bueno.
Esperé.
—Me da miedo.
Mi mandíbula se tensó.
Conocía demasiado bien a Ezequiel para tomar esas palabras a la ligera.
—¿Era malo contigo?
Emiliano asintió.
—¿Te hacía daño?
—A veces me agarraba fuerte aquí —se tocó la barbilla—. Y se enojaba si yo tenía miedo. Decía que era un cobarde y que parecía... —vaciló— que parecía una niña.
Tuve que contener la respiración.
—¿Qué más?
—Quería que aprendiera a disparar. Yo no quería porque me daba miedo, pero decía que tenía que hacerlo porque soy un Montalvo. Dijo que cuando saliera de la cama iba a ir a verme entrenar y que si seguía cerrando los ojos me iba a enseñar a ser hombre a las malas.
La furia me subió por el cuerpo, caliente y violenta.
Dios. Odiaba a ese hombre y quería matarlo.
Cerré los ojos un segundo. Respiré profundamente y me obligué a serenarme.
—¿Y Lorena? —pregunté, esperando que ella hubiera sifo amable con él y así tranquilizarme—. ¿Cómo te trataba?
La expresión de Emiliano cambió.
—Pero ya no tengo carritos. Lorena los rompió.
Sentí que se me apretaba el pecho.
—Te voy a conseguir otros. Muchos. Y mejores que los que tenías.
Sus ojitos se iluminaron con felicidad por primera vez desde que lo tenía frente a frente.
—¿De verdad?
—De verdad. Voy a trabajar muy duro para que tengas todo lo que necesites.
Emiliano me observó fijamente. Entre sus cejitas aparecieron varias arrugas, como si estuviera confundido.
—¿Por qué? —cuestionó.
—¿Por qué qué?
—¿Por qué hace todo eso por mí? —preguntó—. ¿Por qué fue a buscarme? ¿Por qué quiere que viva con usted, si no me conoce?
Me quedé mirándolo.
Hasta ese momento había podido protegerlo sin explicarle quién era yo. Había podido ganar tiempo porque había demasiadas cosas ocurriendo a nuestro alrededor y él estaba demasiado asustado para hacer preguntas.
Ya no.
Emiliano merecía saber por qué había ido por él, por qué estaba dispuesta a protegerlo y por qué haría todo lo necesario para que nadie volviera a hacerle daño.
Había llegado el momento de decirle quién era yo en realidad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...