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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 192

~MAKSIM~

No recordaba la última vez que había disfrutado tanto una cena familiar. Quizá había sido mucho antes de que mis padres murieran a manos de sus enemigos.

La larga mesa del comedor de la mansión Cardinale estaba ocupada por las únicas personas cuya presencia me importaba en la vida.

Alessia se encontraba sentada a mi derecha; Mila, Nicolo y Paolo frente a nosotros; y Artem ocupaba el otro extremo de la mesa, discutiendo con Luigi sobre cuál era la mejor forma de preparar una carbonara auténtica mientras el viejo cocinero defendía su receta como si estuviera protegiendo los secretos nucleares de Italia.

El ambiente a nuestro alrededor era tranquilo, familiar y ridículamente agradable. Hacía apenas unas horas todavía existía la posibilidad de que yo estuviera enfermo y a punto de morir, pero ahora sabía que todo había tenido una explicación infinitamente mejor.

Mis bebés.

Todavía faltaba la confirmación del laboratorio, pero aquello era un simple trámite. La doctora Amato podía necesitar un examen para convencerse. Yo no.

Yo estaba seguro del semental que era.

Una de las sirvientas comenzó a servir las bebidas y dejó una copa de vino frente a Alessia. Antes de que ella alcanzara siquiera a rozarla con la mano, la retiré con un movimiento rápido y algo brusco.

Alessia giró lentamente la cabeza hacia mí.

—¿Qué haces?

—No puedes beber vino.

Frunció ligeramente el ceño.

—Ya lo sé, bestia.

—Ni una copa.

—No pensaba beber ni una gota siquiera —replicó.

La observé unos segundos, completamente convencido de que estaba siendo demasiado paciente conmigo.

—Entonces ¿por qué ibas a tomarlo?

Se quedó mirándome con esa expresión entre divertida y resignada que llevaba utilizando conmigo desde que la doctora insinuó la posibilidad del embarazo.

—No iba a tomarla —refutó—. La iba a retirar para agarrar el vaso de agua.

Bajé la vista. Efectivamente, el agua estaba frente a ella.

Carraspeé con toda la dignidad que pude reunir.

—Bien. De todas formas era mejor prevenir.

Artem dejó escapar una risa.

—Vas a volver loca a Alessia antes de que nazca ese bebé.

Ignoré por completo el comentario.

Luigi apareció entonces con el primer plato y comenzó a servir la comida. Esperé a que colocara el plato de Alessia frente a ella antes de inclinarme ligeramente para inspeccionarlo.

—¿Qué lleva?

El anciano cocinero me miró confundido.

—Pasta fresca, salsa...

—No. Quiero saber todos los ingredientes.

Luigi abrió la boca, claramente desconcertado.

—Pues... harina, huevos...

—¿Lleva algún tipo de preservante?

El italiano volvió la mirada hacia Alessia, buscando ayuda.

Alessia simplemente se encogió de hombros.

—No me mire a mí. Llevo toda la tarde soportándolo.

—Necesito saber exactamente qué puede comer Alessia —continué sin apartar la vista del plato—. No pienso correr riesgos innecesarios.

Alessia soltó un suspiro.

—Maksim, por favor.

—¿Qué?

—Relájate.

—Lo estoy.

—Acabas de interrogar a Luigi por un plato de pasta.

—Porque nuestros bebés tienen que alimentarse bien.

Ella negó despacio con la cabeza.

—Ni siquiera sabemos si realmente hay un bebé.

La miré con absoluta serenidad.

—Lo hay, Alessia, y serán cinco, no uno.

Artem soltó una carcajada.

—Sigues con eso.

—No veo el problema.

Alessia apoyó un codo sobre la mesa.

—No. Quiero que lo hagamos lo antes posible.

Se masajeó el puente de la nariz.

—Llevo veinte años investigando organizaciones criminales internacionales y resulta que mi misión más difícil será convertirme en obstetra.

—Empieza hoy mismo.

Giré entonces hacia Nicolo y Paolo.

—Ustedes deberían hacer exactamente lo mismo.

Los hermanos intercambiaron una mirada.

—Ya lo hicimos —respondió Nicolo.

Fruncí el ceño.

—¿Cómo que ya lo hicieron?

—Desde que nos enteramos del embarazo —respondió Nicolo.

—Tenemos una lista con todo lo que la doctora Amato le recomendó a Mila —añadió Paolo—. Está en nuestros teléfonos.

Los observé durante unos segundos y después miré a Artem.

—¿Ves?

Artem levantó ambas manos.

—Ellos llevan semanas sabiendo que Mila está embarazada. Nosotros nos enteramos hoy de Alessia.

—Eso no cambia el hecho de que vamos tarde.

—Claro... porque la culpa también es mía.

Antes de que pudiera responderle, el timbre principal de la mansión resonó a lo lejos.

Ninguno le prestó demasiada atención.

La conversación continuó unos instantes más mientras Mariya abandonaba discretamente el comedor para atender la puerta. Apenas un par de minutos después regresó acompañada por una de las empleadas, quien hizo una respetuosa inclinación de cabeza antes de dirigirse a Alessia.

—Signora, la doctora Amato acaba de llegar y quiere hablar con ustedes.

Alessia levantó la vista y miré cómo contenía la respiración por causa de la expectativa.

Todos se removieron inquietos sobre sus asientos, sabiendo que la doctora traía noticias importantes.

Yo por mi parte me mantuve totalmente sereno pues estaba seguro de que ella solo traía la confirmación de lo que ya sabíamos.

—Hazla pasar —respondió Alessia finalmente— y prepara un lugar en la mesa para ella.

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