~MINA~
Artem parpadeó y unas finas arrugas aparecieron entre sus cejas antes de responder secamente:
—No.
Yo también parpadeé, pero más que él porque estaba bastante sorprendida por su respuesta.
—¿No?
—No.
—¿Tienes prometida?
—No.
—Hmm, ¿novia?
—Tampoco.
—¿Novio entonces?
Entrecerró los ojos y me miró como si le hubiera lanzado una gran ofensa.
Bien, quizá me había pasado un poquito, pero ¿qué de malo tenía dicha pregunta? Yo no lo iba a juzgar si lo suyo era batear para el otro bando. Así que en respuesta me encogí de hombros e hice un gesto con las manos.
—Tenía que preguntar y explorar todas las opciones. Ahora, en estos tiempos, ya no se sabe.
Entornó los ojos y negó.
—A veces eres tan graciosa —dijo y no fue un cumplido.
—¿Graciosa por qué? Eres tú quien ha estado respondiendo con un rotundo «no» a todas mis preguntas sobre mujeres. No hay nada de malo en explorar todas las opciones viables, ¿verdad?
Soltó una risita cargada de ironía.
—No —espetó—. Pero ¿no se te ha ocurrido que quizá no hay una mujer en mi vida porque simplemente yo no he querido que haya una?
Abrí la boca y la volví a cerrar.
El cabrón tenía toda la razón, pero eso solo abría muchas más interrogantes que a mí me urgía que fueran respondidas.
—¿Y por qué no has querido tener una mujer en tu vida?
—Porque no.
—¿Y por qué no?
—Porque no.
—Pero ¿por qué? Necesito una respuesta coherente y no un simple no.
El güero resopló con evidente fastidio, pero a mí me valió madre que mi interrogatorio lo estuviera fastidiando. Yo le había contado mi vida, ahora él tenía que contarme todo sobre él en retribución.
—¿Qué m****a? —gruñó, como el pinche amargado que era—. ¿Ahora eres de la policía o qué?
—No. Soy mucho peor que eso, güero. Soy tu nueva amiga y una amiga muy metiche, por cierto.
—Ah, mi amiga.
Asentí frenéticamente con la cabeza.
—Sí. Después de todo lo que hemos compartido hasta ahora, ¿no lo soy o qué?
Volvió a reír y negó.
—Como que ya me estoy arrepintiendo de haberte recogido en esa carretera, ¿sabes?
Abrí la boca pero esta vez sintiéndome bastante ofendida.
Artem se rio.
—Está bien, señora... ¿mitiche?
—Metiche —lo corregí.
—Metiche.
—Ajá.
—Bien, señora me-ti-che, no tengo una mujer en mi vida porque simplemente no ha llegado la mujer indicada.
—¿Y por qué no?
—Joder —gruñó—. ¿Es en serio?
—Muy en serio, güero, y no te voy a dejar en paz hasta que me cuentes todo el chisme sobre tu vida amorosa.
—Ja, ja, ja. —Echó la cabeza hacia atrás y soltó una risa bastante sarcástica—. De verdad que eres imposible.
—Vamos, güero —continué—. Eres bastante guapo, pareces tener buen corazón porque a pesar de ser así todo malote, no le haces daño a inocentes y hasta ayudas a mujeres indefensas como yo, entonces...
—¿Entonces?
—Entonces ¿por qué no te has enamorado?
Artem soltó un suspiro y se llevó la mano a la barbilla, para frotarla mientras pensaba la respuesta que me iba a dar. Ya estaba imaginando que me iba a responder con un sarcasmo o con otra respuesta seca y cortante.
—Tienes razón —dijo finalmente—. He conocido muchas mujeres y he estado con ellas.
No sé por qué aquella respuesta me hizo sentir algo incómodo en el pecho.
Tragué y me obligué a seguir preguntando, aunque sentía que la incomodidad en mi pecho se iba a acrecentar.
—¿Y qué pasó?
—Pues nada —contestó—. Pasa que no eran el tipo de mujer que yo quiero para mi vida.
Corté de una forma bastante brusca un trozo de enchilada.
—¿Puedo saber por qué?
Mi mente me decía que seguramente se debía a que aquellas mujeres no eran unas pinches Barbies... y diabólicas como él.
—Quizá no eran como las novias de Chucky —respondió y levanté la cabeza.
—¿Ah?
El muy canijo se rio.
—Dijiste que yo tenía el espíritu de Chucky dentro, entonces necesito a la novia de Chucky —volvió a reír y me imitó, cortando un trozo de sus enchiladas—. Y hasta ahora no he encontrado a una mujer que esté tan loca como yo.
Dejé a las benditas enchiladas en paz y centré toda mi atención en él, viéndolo todavía más llena de curiosidad que antes.
—No estás loco, Artem —dije con seriedad y él me miró—. Y tampoco eres el pinche Chucky. Eres bueno, un gran hombre y estoy segura de que cuando encuentres a la mujer que consideres adecuada, será la mujer con más suerte de este mundo, porque tendrá a un gran hombre en su vida.
Artem sonrió y regresó la vista a las enchiladas para seguir comiendo.
—Gracias —dijo—. Y también gracias por la comida. No suele gustarme la comida mexicana, pero debo reconocer que esto está muy bueno.
Sonreí más que complacida porque finalmente le hubiera hecho un cumplido a mi sazón.
—Ahora deja de hacer tantas preguntas y mejor come para que me dejes a mí comer en paz —agregó, arruinando aquel bonito instante que acabábamos de tener.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...