—Kaleb no tiene un estilo. Le gustan todas.
Este no prestó atención a la burla, interesado en lo que Sharon le
informaba.
—Es una mujer muy simpática y abocada a hacer sustentable su
negocio. Hace un año que está en Los Ángeles, viene de Utah. Es todo lo que
sé.
—¿Qué pasa, hermano? ¿Algo en ella despierta tu lado salvaje?
¿Agita tus deseos de azotarla con tu palmeta, vestido en tus pantalones
ajustados de cuero?
Kaleb rodó los ojos ante la versión de Dominante que su hermano dibujaba, mientras que Sharon enrojeció ante el comentario.
—Esa habitación tuya sería demasiado para esa sencilla mujer, la
asustaría y volvería a su lugar de origen a pie—agregó Aidan, una risa
contenida.
Kaleb lo miró con seriedad.
—¿En serio, Aidan? ¿Ahora gritas a los vientos mi estilo de vida?
—Nahh, me divierto.
—Dejémoslo ahí. Voy a ver a mi sobrina y a mi hermana. Estoy
seguro de que son las únicas que me entienden. Habrá un futuro en que las
nuevas generaciones de Monahan agradezcan el enorme sacrificio que hago por esta familia—lo dijo con dramatismo burlón.
Poco le importaba lo que sus hermanos o sus cuñadas pensaran sobre el BDSM, porque en el fondo estaba convencido de que siempre estarían ahí para él en el caso de necesitarlo, así como él estaba para ellos incondicionalmente.
—Veremos si puedes quitar a Brooke de los brazos de Milo—dijo
Sharon, divertida—. Parece pensar que es el único que puede sostenerla de manera correcta.
—De un tiempo a esta parte la única forma de hablar con Milo es a
través de Regina. Ha perdido la cabeza con sus mujeres—gruñó Kaleb.
—No hables así de él, está tan fascinado con su hija qué teme por
todo.
—¡Cuánto de verdad tiene esa frase que establece que la caída de las
torres más altas es estrepitosa! El cambio de Milo de un año hasta aquí es de ciento ochenta grados.
—Coincido—agregó Aidan—. Nadie conectaría el hombre implacable
de negocios que es nuestro hermano en la empresa, con la masa de nervios
que cambia pañales o gruñe como un loco después de una noche en la que su niña no dejó de sufrir por cólicos.
—Por fortuna nuestra cuñada es una mujer extraordinaria.
—Amén a eso— dijo Sharon, sonriendo.
—¡Aquí está mi sobrina favorita!—dijo con una sonrisa mientras
extendía los brazos para acunar a la hermosa bebé que Regina sostenía—
¡Mi bella Brooke! No quiero que las otras mujeres se pongan celosas, pero
sin duda eres la más bonita.
—Un enorme cumplido considerando de quién viene—dijo Regina.
—Es tu única sobrina—gruñó Milo, sus ojos entrecerrados evaluando
como Kaleb tomaba a su hija— No la balancees. No la aprietes. Con
cuidado, Kaleb, no tienes idea de lo frágil que es un bebé.
El mencionado rodó los ojos y le hizo un gesto a Regina, que se cubrió los labios intentando esconder la sonrisa.

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