—Eso pienso también yo—guiñó un ojo y le sonrío, disfrutando de su
turbación.
Jace lo reñiría por jugar con descaro con la timidez de esta mujercita, mas lo estaba pasando bomba. Ella se enredaba con las palabras y sus nervios estaban a flor de piel. Él le provocaba eso y lo motivaba. Pero le
dio alivio al cambiar el tema.
—Dijiste que todavía no tienes un vehículo como para hacer tus entregas. Eso es algo que puede jugar en contra en tu negocio—le aconsejó.
Ella asintió vigorosamente y se disculpó, avergonzada, suponiendo
que él se estaba quejando.
—Sí, mil disculpas—su ceño fruncido en preocupación fue inmediato —. Debería haber contratado a alguien, claro—retorció sus manos.
—Deja tus manos—ordenó, agravando su voz en su tono dominante y ella se paralizó, sus ojos grandes, adorables, fijos en él. Cada vez se convencía más de que había una sumisa en esta pastelera— Deben estar más
que cansadas de trabajar—impuso un matiz más liviano a su voz y ella
respiró.
¿Había estado conteniendo la respiración? <<Wooow, esto es un
sueño húmedo hecho realidad. Una sumisa en estado natural, dormida,
esperando que alguien la despierte de su letargo>>, pensó, con la libido
elevada al máximo. Estaba al borde de un orgasmo mental solo de pensarlo y
mirar sus reacciones.
—Estoy considerando adquirir un vehículo, cuando las ganancias me
lo permitan. Ya llegará el momento. Primero debo establecerme.
—¿No eres de por aquí?
Kaleb seguía a un lado de su vehículo, dando largas a una conversación que a todas luces parecía inocua y poco interesante, pero no podía sustraerse de observarla y saber más. Ella lo atraía, convocaba su curiosidad y despertaba su sexo.
Lo extraordinario era que no había nada particularmente destacable a
simple vista, salvo el conjunto. Ella era espontaneidad, naturalidad y el
epítome de una mujer común. Kaleb estaba poco acostumbrado a lidiar con mujeres que no tenían como objetivo seducirlo o vincularse a su círculo adinerado o de poder.
—No, en realidad no. Hace un año que estoy aquí, a medias instalada en un apartamento y enteramente entregada a hacer crecer este negocio y volverlo sostenible.
—¿No has considerado una campaña de marketing sostenida y agresiva?
—No he considerado nada que implique desembolsos importantes. El
boca a boca está funcionando bien y proveer a familias como la tuya sin duda me dará el espaldarazo que necesito.
Ella sonrió y Kaleb miró con fascinación esos labios que se distendían mostrando unos dientes blanquísimos y pequeños, entre los que asomaba la punta de una lengua sonrosada.
Esto lo erotizó más que las escenas del club Belt. Esos pequeños gestos inocentes y sin intención de seducir que emanaban de ella se transformaban de inmediato en jodidamente sexis para su mente dañada por tanto BDSM, pensó.
—Normalmente las personas de negocios gritan sobre lo bien que van
y la gran repercusión que están teniendo sus productos—le sonrió.
—Seguro que si te dijera algo así tu encontrarías que es una falsedad
de base y no tiene mucho sentido—argumentó, sin abandonar el tono suave y la sonrisa dulce—. No me va nada mal, en verdad.
—Probablemente—dijo él—. ¿Trabajas sola? ¿No tienes un compañero, un socio, un esposo?—inquirió con curiosidad malsana.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La esposa secreta del CEO