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La esposa secreta del CEO romance Capítulo 172

MILO

Si la revelación que le atravesó como un rayo ese domingo lo impactó, el tiempo que siguió no hizo nada por atemperar su desasosiego.

Los días transcurrieron lentos y vacíos, y nada de lo que hizo lo arrancó de la tristeza. Ni siquiera el trabajo agotador, en el que buscó sumergirse, lo ayudó. Entre jornadas llenas de gente y papeles que cada vez detestaba más a noches trágicamente desoladas, los días fluyeron.

Nada era igual, no podía serlo. Sin la sonrisa y la mirada de esa mujer sobre él, nada valía la pena realmente. Trató de llegar a Regina, pero no contestaba sus mensajes ni llamados. No pudo verla de salida en el café, no estaba trabajando y eso lo confundió. Sabía que necesitaba el dinero.

¿Habría conseguido algo más adecuado? Deseó que así fuera. La idea de que ella lo hubiera sacado de su vida totalmente lo sumió en la desesperanza. Entonces, el mensaje de texto le trajo el crudo y desesperado pedido de dinero. En las pocas palabras fue capaz de entrever la magnitud de su desesperación. Necesitaba dinero y él le daría todo lo que pidiera y más.

Imaginaba cuánto debió costarle atreverse a contactarlo para algo así. Su primera intención, luego de hacer todo para agilizar la transferencia que cubriera los costos del seguro médico, fue ir hacia ella. Luego, lo pensó mejor.

Regina estaba sufriendo, pasando momentos familiares delicados. No podía ir ante ella con su egoísta pedido de tiempo y atención, como si fuera un chico malcriado. Tanto como quería consolarla, abrazarla y decirle que todo estaría bien, no tenía ese lugar en su vida, tristemente. Lo había perdido por cretino.

Darse cuenta de esto lo hundió más y por primera vez en su vida, su coraza se resquebrajó, dejando que su tarea y su función se vieran sacudidas.

Su labor como CEO del conglomerado Monahan dejó de ser el timón de su vida y si no trascendió más de lo deseado fue porque tanto Jace como Kaleb se convirtieron en sus bastones. Unos contra los que despotricó, a los que insultó, a los que negó sistemáticamente información sobre sí mismo y sus sentimientos. El dolor de perderla era solo suyo y lo corroía.

El único consuelo real que encontró fue el alcohol, que pasó a ser un amigo que no preguntaba ni reprochaba, que adormecía y no permitía sentir. Era débil y lo aceptaba. Solo con Violet pudo abrirse un poco más; su hermana era insistente y se preocupaba por él. Solo ante ella reconoció que amaba a Regina y que la había tratado como un bastardo. Que no la había sostenido ni defendido, que no la había reconocido ni tratado como la mujer que tenía su corazón en su mano.

—¿Es Regina la persona que hizo esos bocetos tan hermosos que me mostraste?

Asintió.

—Nunca aceptó nada de mí. Ni ropa, ni joyas, ni viajes. Apenas mi tiempo, momentos, charlas. Nunca entendí, hasta hoy, la riqueza de eso. Me dio amor a manos llenas y fui tan imbécil que no lo pude reconocer. Hasta que me dejó. Es probable que en parte esto lo alimentó la actitud de nuestra madre.

—Aún no perdono a mamá por hacer algo así. Sumarse a esa cabeza hueca de Melody—dijo Violet.

—La perdí. La perdí—repitió, con su rostro desolado, la viva imagen de la desazón.

—Si eres un hombre de verdad, el que nos ha dirigido todo el tiempo desde que tenías conciencia, no aceptarás eso como una verdad—Kaleb entró en ese momento— Te levantarás e irás a por ella. Vas a luchar. No es de un Monahan entregarse de esta cobarde forma que has elegido.

—No voy a …

—Kaleb tiene razón—Jace también había ingresado—. Y te vamos a apoyar, en lo que sea. Esa tal Regina debe valer mucho si tu cabeza y tu corazón colapsaron por su ausencia.

—Lo vale, claro que lo vale—afirmó Milo, aturdido—. Pero no sé qué podría hacer. He intentado…

—Has hecho lo que acostumbras. Negociar, tratar de darle cosas. Cosas que, por lo que dices, no está dispuesta a tomar—Kakeb le contestó— Debes pensar con mayor claridad y ver qué necesita de ti, de verdad.

—Ella no quiere lo que puedo darle—contestó—. Quise mimarla, consentirla, ayudarla…De la forma que sé.

—De la forma que viste a nuestro padre proceder—sentenció Violet —. La misma que detestas. Por lo que entiendo, Regina no quiere más que tu amor.

—Es probable que sea tarde. No sé qué siente por mí de verdad. Dijo que me liberaba, que había comprometido sentimientos. Cuando me acerqué a ella por primera vez—confesó— le dije que quería sexo sin compromisos.

—Normal—dijo Kaleb.

—¿Normal?-chilló Violet-. ¿Cómo va a ser normal? ¡Las mujeres queremos mucho más que eso!

—Ella aceptó, ¿o no?

—Probablemente porque era la manera de acercarse a ti—dijo Violet — Mírate, eres guapo, sexy, ¿quién no querría? Tal vez creyó que era lo que podía tener contigo y lo aceptó. Y cuando vio que quería más, lo que no podías darle, decidió cortar. Debe ser doloroso darse cuenta de que la persona que queremos nunca va a tomarnos en serio.

—¡No jugué con ella!

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