Al día siguiente, Nerea llegó puntual al piso 64, justo como habían acordado, para presentarse en el departamento de Recursos Humanos.
La secretaria ya la estaba esperando en la entrada.
—Srta. Nerea, qué bueno que llegó.
Nerea asintió con una sonrisa.
—Hola, vengo a hacer el trámite de ingreso.
—Perfecto, sígame por aquí.
La secretaria la condujo a recoger su gafete y el uniforme. Todo iba sobre ruedas hasta que, en el momento de firmar el contrato laboral, Nerea se topó con dos personas que le resultaban demasiado familiares.
Por un lado, estaba el chico de la universidad Ivy League. Por el otro, la chica explosiva de la minifalda.
La secretaria explicó:
—Ellos también vinieron hoy para su ingreso. Seguro ya se vieron durante la entrevista, ¿verdad? Les hago la presentación formal: él es Lorenzo, será subgerente del área de tecnología, y ella es Celeste, asistente personal del Sr. Roberto.
¿Gerente de hotel convertida en asistente personal?
A Nerea le daban ganas de preguntar en voz alta: ¿asistente personal incluye también lo de la cama?
Desde la entrevista era evidente que esta chica tenía palancas.
Nerea la observó con atención: Celeste era bajita, pero desprendía una energía arrolladora, llena de vitalidad.
Ese día, igual que antes, llevaba un top y una minifalda diminuta. Su piel oscura la hacía resaltar aún más: una chica audaz y sin miedo a nada.
¿Así que a Roberto le gustaban las chicas de ese tipo?
Mientras Nerea la examinaba, Celeste también le lanzaba una mirada rápida, de arriba abajo.
Al final, Celeste agitó la mano con desparpajo.
—Hola, perdedora.
Nerea se quedó en silencio.
—…
Definitivamente, la gente parecida acaba en el mismo saco. La boca de Celeste era tan venenosa como una serpiente.
Pero ahora ella tenía un puesto importante, y Nerea apenas comenzaba, así que no le convenía buscarse problemas.
Entonces Nerea sonrió y saludó con cortesía:
—Hola, Sr. Lorenzo. Espero que podamos trabajar bien juntos.
Lorenzo asintió.
—Eso espero.
—Nos vimos en la entrevista, ¿recuerda?

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